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Resumen
El artículo reflexiona sobre cómo Dios está presente en su creación y en quienes reflejan sus enseñanzas, enfatizando la importancia de buscar a Dios constantemente en nuestras vidas para restaurar la sociedad.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Por: Cesar Gordillo
No siempre es necesario creer en Dios; es una frase que llegó a mí luego de ver un video en la barbería, en el que una mujer italiana, que vive al lado de una playa en Venezuela, le dice a Sebastián Villanueva (motero argentino): “¿Para qué creer en Dios, si Dios está ahí?”, señalando el mar y la playa.
A partir de ese momento empecé a pensar que Dios está en su creación; en los pájaros de colores únicos que veo en las mañanas cuando salgo a correr; en el cielo azul de Barichara; en las montañas de Cabrera, pero también en todas aquellas personas que intentan, a través de sus acciones, reflejar a Jesús.
No es fácil ver la imagen de Jesús en la humanidad, pues estamos en presencia de una nueva escala de valores y, ante tanta noticia negativa y violencia digital, hemos perdido la sensibilidad de escuchar, ver y sentir a Dios. Pareciera que el anuncio sobre los últimos días es una absoluta realidad. Al respecto, 2 de Timoteo 3-1 señala: “Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios.”
Entonces, ¿qué hacer para recuperar la sensibilidad de escuchar, ver y sentir a Dios? Lo primero que recomienda Pablo (autor de 2 de Timoteo) es: “Con esa gente ni te metas”. El consejo es sensato, pero tan solo podría ser el paso inicial para recuperar la sensibilidad.
Considero que tenemos el reto de ser más intencionales con Dios; en el caso personal, he vivido un proceso en el que la sensibilidad solo llegaba el domingo; luego, una que otra mañana; posteriormente, todas las mañanas, pero ahí estoy detenido, porque se me olvida que Dios debe estar en mis desplazamientos, en el trabajo, en las relaciones interpersonales, en las comidas y en el antes de dormir, es decir, en todo.
Por el hecho de no tener temor de Dios es que vivimos en una sociedad anestesiada con la corrupción, y por el escándalo de cada día, incluso no me sorprendería que Colombia termine respaldando este proceder. Llegar a este punto también ha sido un proceso fácil de entender: Primero sacamos a Dios del Estado, luego de las escuelas y colegios, posteriormente de la familia y ahora nos preguntamos: ¿por qué estamos así?
Es obvio, una sociedad gobernada por ateos está llamada a hundirse; los ejemplos son cercanos en el continente americano: Cuba, Haití y Nicaragua: países inviables desde todo punto de vista.
Y entonces, ¿qué hacemos? Lo más sensato que puedo proponer es tomar las palabras de 2 Crónicas 7:14: “Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra”.
Ha llegado la hora de buscar más a Dios, en la mañana, en la tarde y en la noche; en la casa, en el trabajo y en todo momento, porque necesitamos que Dios restaure a Colombia y nos detenga de caer en el abismo de un gobierno sin Dios ni ley y una sociedad que ya no cree en nada, ni en nadie.