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Resumen

A los 11, un joven huye de casa encontrando un mundo de leyes callejeras, éxitos efímeros y tragedias. Un trágico evento lo impulsa a cambiar su vida, hallando un nuevo propósito lejos de las calles.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Cesar Gordillo
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A los 11 años me fui de la casa porque me sentía solo, pues mis padres trabajaban, estudiaban y no tenían tiempo para mí. Al tomar la decisión de irme, mi padre me dijo: “Si se va, no tiene derecho a regresar”.

La primera noche en la calle fue muy dura, me acerqué a un joven y le pedí, si podía dormir junto a él y el accedió, pero a la medio noche me levanto un fuerte dolor y noté que había sido apuñaleado en un pie. En medio de la noche y con adrenalina pura, corrí y una señora que vendía tinto, me dio de comer y me llevó a su casa.

Después de esa primera noche en la calle, entendí que siempre debía dormir en una habitación, así que mi objetivo diario, era conseguir $5.000 para pagar la habitación que debía compartir con dos personas más. Siempre me ubiqué en barrios del centro y empecé a comprender que a diferencia de lo que piensa la gente, en la calle también hay leyes que la rigen. Dentro del Bronx, nadie podía robar y solo se le vendían alucinógenos a sus habitantes o a los consumidores que frecuentaban el barrio.

Viviendo allí, conocí la vida y los negocios de la calle; A la edad de 14 años me iba bien vendiendo pastillas y otros alucinógenos, había días que podía ganarme $1.000.000 y recuerdo que, en un diciembre, en un solo día me gané $10.000.000, los cuáles me los gasté todos en una fiesta tomando alcohol y consumiendo pastillas.

Cuando creía que tenía éxito, fui capturado y enviado a una especie de reformatorio, dónde estuve como dos años, allí pasaron dos cosas increíbles. Cierto día vi que uno de mis compañeros, tenía una foto con mi papá, me acerqué y le dije: “Viejo quien es ese cucho”, me respondió: “Abrase, no sea sapo”.

A pesar de la respuesta, le dije: “Yo tengo una foto con ese man”, en ese momento descubrí, que tenía un hermano. Con él y uno de sus amigos nos asociamos y montamos un local en un barrio de Bogotá. Nos iba bien, ganamos mucho dinero y también lo gastábamos todo.

Cierto día, él y yo, tomamos la decisión de arreglar las cosas con el cucho, nos pusimos en camino y estando en su semáforo, mi hermano recibió una ráfaga de disparos y murió frente a mí.

El día de la muerte de mi hermano, tomé la decisión de dejar la calle, los vicios, los negocios y todo lo que tuviera que ver con ese estilo de vida, entendí que mi manera de pensar debía cambiar, que la calle, no era mi propósito, que yo no había nacido para esa vida y con ese objetivo.

Esta es parte de la historia, de una de esas personas que te puede prestar cualquier tipo de servicio en la calle, quien abrió su corazón y me enseñó, que la vida no es como empieza, es el proceso y como termina, y que cuando descubres tu propósito, todo cambia a tu alrededor.

Si te gustó esta historia, te invito a leer la columna de la siguiente semana, en la que daré a conocer la segunda cosa increíble que nació en ese lugar, en el que estuvo detenido, el personaje de la columna.

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por Cesar Gordillo
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