Abelardo desautoriza a amiga de su familia tras ser pillada en un presunto caso de tráfico de influencias: “La amistad y el parentesco no otorgan privilegios”
Abelardo De La Espriella desautorizó a Margarita Andrade y negó que pueda hablar en su nombre o gestionar cargos usando su cercanía familiar.
Abelardo De La Espriella desautorizó a Margarita Andrade y negó que pueda hablar en su nombre o gestionar cargos usando su cercanía familiar.
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El presidente Abelardo De La Espriella marcó distancia pública con Margarita Andrade, a quien señaló de realizar gestiones ante dependencias del Gobierno y funcionarios en Córdoba para intervenir en asuntos relacionados con cargos públicos. El mandatario aseguró que ella no está autorizada para hablar en su nombre ni representar al Ejecutivo.
Una advertencia política de alto voltaje lanzó el presidente Abelardo De La Espriella al marcar públicamente distancia con Margarita Andrade, una mujer a quien reconoce como amiga de su familia desde hace años, pero a quien señaló de estar utilizando esa cercanía para realizar gestiones relacionadas con cargos dentro del Gobierno nacional.
El pronunciamiento fue divulgado por el propio mandatario a través de sus redes sociales y tiene como destinatarios no solamente a Andrade, sino también a familiares, amigos y personas cercanas a la Casa de Nariño que pretendan utilizar sus vínculos personales con el Presidente para intervenir ante funcionarios públicos.
De La Espriella aseguró que Andrade estaría contactando distintas dependencias del Gobierno y funcionarios en Córdoba, haciendo valer su cercanía personal con él y con su familia.
“Margarita Andrade, a quien conozco desde que era niño y quien ha sido amiga mía y de mis padres desde siempre, está llamando a distintas dependencias del Gobierno y a funcionarios en Córdoba, utilizando su cercanía con mi familia y conmigo para intrigar por cargos”, afirmó el Presidente.
La acusación, sin embargo, fue presentada por el mandatario como una denuncia pública y no estuvo acompañada en su mensaje de detalles sobre cuáles dependencias habrían sido contactadas, qué funcionarios habrían recibido las comunicaciones o cuáles serían específicamente los cargos que, según su versión, estarían siendo gestionados.
“No está autorizada para hablar en mi nombre”
El punto central del pronunciamiento presidencial fue una desautorización expresa. “La señora Andrade no está autorizada para hablar en mi nombre ni en el del Gobierno”, sentenció De La Espriella.
Con esta declaración, el mandatario buscó dejar claro que una relación personal con el Presidente no constituye una representación oficial ni concede facultades para intervenir ante funcionarios de la administración.
“Rechazo categóricamente estas prácticas, que contradicen lo que quiero para Colombia. Ningún familiar o amigo del suscrito tiene licencia para proceder de esta forma”, manifestó.
Y fue todavía más directo al establecer la regla que, según dijo, debe regir a quienes forman parte de su círculo personal: “La amistad y el parentesco no otorgan representación ni privilegios en el Gobierno del Tigre”.
La declaración supone un mensaje político sobre el acceso al poder y las gestiones para obtener cargos públicos. El Presidente está diferenciando la cercanía personal de cualquier posibilidad de representación institucional, al menos según lo expresado públicamente en su mensaje.
Golpe a la “politiquería”
El episodio también fue aprovechado por De La Espriella para reiterar uno de los discursos con los que ha buscado diferenciar su administración de las prácticas tradicionales de la política colombiana.
“La politiquería es incompatible con el movimiento popular que represento”, sostuvo. Y remató con una frase que resume el sentido político de su pronunciamiento: “Muchos no han entendido que yo no vine a hacer la política de siempre, sino a cambiar la política para siempre”.
El mandatario presentó así el caso Andrade como incompatible con la manera en que, según sus propias palabras, pretende administrar el Estado: sin que amigos o familiares puedan presentarse ante funcionarios como emisarios presidenciales para gestionar puestos o decisiones administrativas.
Una vieja discusión: cercanía personal versus representación oficial
El caso abre nuevamente la discusión sobre las fronteras entre las relaciones personales de un mandatario y el ejercicio de la función pública.
En este caso concreto, De La Espriella afirmó que conoce a Andrade desde su infancia y que ella ha sido amiga tanto de él como de sus padres. Pero precisamente por esa cercanía decidió hacer pública la aclaración de que dicha relación no le concede representación ante el Gobierno.
Los medios que han reportado el episodio coinciden en que el Presidente no identificó públicamente las entidades, funcionarios o cargos específicos que estarían involucrados en las gestiones que atribuyó a Andrade.
Por su parte, medios nacionales reportaron que Andrade publicó posteriormente un mensaje en redes sociales en el que habló del valor del silencio, aunque sin mencionar directamente al Presidente ni responder de manera expresa a las acusaciones formuladas por él.
Así, el mensaje presidencial deja una advertencia política inequívoca: quien tenga amistad o parentesco con el jefe de Estado podrá conservar esa relación personal, pero no podrá presentarse por ello como representante del Gobierno ni utilizar esa cercanía como autorización para gestionar cargos públicos.
En palabras del propio De La Espriella: “La amistad y el parentesco no otorgan representación ni privilegios en el Gobierno del Tigre”.