¿Adictos a la comida chatarra? La ciencia revela cómo los ultraprocesados secuestran el cerebro
Los ultraprocesados pueden activar en el cerebro circuitos de recompensa similares a los de algunas adicciones, favoreciendo antojos y pérdida de control en ciertas personas.
Los ultraprocesados pueden activar en el cerebro circuitos de recompensa similares a los de algunas adicciones, favoreciendo antojos y pérdida de control en ciertas personas.
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La ciencia empieza a mirar con otros ojos a la comida chatarra. Lo que durante años fue considerado una simple falta de voluntad o malos hábitos alimenticios, hoy es analizado por investigadores como un fenómeno mucho más complejo: los alimentos ultraprocesados podrían generar en el cerebro mecanismos similares a los que desencadenan algunas adicciones.
Así lo advierten recientes revisiones científicas citadas por especialistas en nutrición y neurociencias, que señalan que productos como gaseosas, golosinas, papas fritas, comidas rápidas y snacks industriales han sido diseñados para estimular de forma intensa los circuitos cerebrales asociados al placer y la recompensa.
Los estudios explican que la combinación de grandes cantidades de azúcar refinada, grasas, sal y aditivos provoca una fuerte liberación de dopamina en el sistema mesolímbico, el mismo circuito cerebral involucrado en conductas adictivas relacionadas con sustancias como la nicotina o el alcohol. Esta respuesta genera sensaciones placenteras inmediatas, pero también favorece el deseo constante de repetir el consumo.
Los investigadores describen este efecto como una especie de “explosión hedónica”, una estimulación tan intensa que el cerebro termina adaptándose y exigiendo cantidades mayores para obtener la misma satisfacción. Con el tiempo, alimentos naturales como frutas o preparaciones caseras pueden resultar menos atractivos frente a productos altamente procesados.
La evidencia científica también indica que no todas las personas desarrollan una relación problemática con estos alimentos, pero sí existe un porcentaje importante de la población que presenta síntomas como antojos persistentes, pérdida de control sobre las porciones consumidas, irritabilidad al intentar reducir su ingesta y necesidad de comer cada vez más para sentirse satisfechos.
Especialistas consultados por medios internacionales sostienen que el actual entorno alimentario facilita este comportamiento. Los ultraprocesados son baratos, de fácil acceso y están presentes en prácticamente todos los espacios de la vida cotidiana, desde supermercados y colegios hasta estaciones de servicio y máquinas expendedoras.