Al alimón

Resumen

Esteban Mantilla y Gabriela Peñaloza unieron talentos en el proyecto 'Retratos en Vivo', pintando simultáneamente un lienzo compartido. La colaboración fusionó estilos en una obra crítica, reflexiva y colorida, explorando el arte como reflejo del ser humano.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Claudio Valdivieso
Al alimón

Gaby extrajo un pincel de un pequeño maletín de sueños, lo llevó al aire —este se convirtió en la mira de su obra— y apuntó; lo dirigió a la paleta para refrescar el azul oscuro de su primer trazo. Esa pincelada y otras más, muchas, cuidadosa de no distraer su mirada del objetivo: una tela llamada lienzo que la llevaría al exitoso desenlace, el mismo al que Esteban Mantilla, a su izquierda, llegaría. Él también, simultáneamente, pincelaba de rojo el “bastidor” lila, brillante por los reflectores que iluminan la actual exposición de su obra Retratos en el Museo del Centro Colombo Americano.

Este proyecto "al alimón" de alear los colores en los pinceles de dos abstracciones, dos mentes en los trazos de identidades artísticas diferentes en el mismo instante y en el mismo “lienzo”, obedece a la iniciativa del artista plástico Esteban Mantilla. Gabriela Peñaloza, Felizmente, aceptó la invitación a esta osada propuesta.

Dos mentes conectadas en el silencio de un mismo propósito es algo tan interesante como osado, si tenemos en cuenta una escenografía viva en medio de los murmullos de los asistentes, entre los que puedo incluirme: artistas y críticos. Cada instante destellaba la luz de las cámaras que intentaban apoderarse de este encuentro simultáneo con la espontaneidad de mil sueños en un colorido resultado llamado rostro.

Este proyecto titulado Retratos en Vivo, de autoría de Esteban Mantilla y su invitada, Gaby Peñaloza, nos hizo testigos de una actividad bastante creativa que involucra, en ese mismo instante, una escenografía en la que todos, atrevidamente, quisimos ser de pronto “inoportunos” protagonistas silenciosos; admiradores y, por qué no decirlo, ¡curadores!

Cada uno de los artistas pincelaba en medio de un “tapete” de pinceles, colores, espátulas y retazos de tela que dejarían de serlo para llamarse obra. El tiempo pasaba después de las tres de la tarde, tras la primera pincelada y las otras que iban y venían en silencio. En el ruido de las gotas de la pintura que dejaban testimonios, no había otro boceto diferente a la espontaneidad de los artistas; no había preguntas porque las respuestas estarían listas para satisfacer las dudas de los asistentes en medio de la premura del tiempo que marcaba la diferencia en el reloj de los artistas. Ellos, sin detenerse, a las cinco de la tarde sellarían la obra con sus firmas.

Finalmente, sus pinceles gestaron a un personaje colorido, un rostro con personalidad crítica, de una mirada políglota que revela temperatura en las emociones; gratitud, esperanza e inquietud por las temperaturas extremas, cálidas y frescas; protesta, sarcasmo y rebeldía. El rostro del hombre revela inquietudes que invitan a reflexionar; la obra tiene el poder de responder dudas y preguntarnos también el porqué de su existencia y la nuestra.

La ficción híbrida de los artistas Gabriela y Esteban en su obra es un transporte que permite vernos como las partículas que somos en cada instante; los patrones del ser humano y del margen de error del que podríamos ser protagonistas en cada circunstancia de la existencia.


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por Claudio Valdivieso
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