Alerta nacional por incremento en la circulación de armas ilegales también afecta a Santander
Resumen
Las ciudades enfrentan una crisis por el aumento de armas ilegales y violencia. Asocapitales urge al Gobierno a mejorar la inteligencia, control fronterizo y trazabilidad de armas. Bucaramanga y Santander sufren alta incidencia de delitos con armas de fuego.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)Asocapitales explicó que aunque las ciudades enfrentan los efectos más visibles de esta crisis, no tienen competencia integral sobre el control del ciclo de las armas. Por ello, hizo un llamado urgente al Gobierno Nacional para articular una respuesta robusta y sostenida que fortalezca la inteligencia, el control fronterizo, la investigación criminal y la trazabilidad de armas y explosivos.
Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRETE
Asocapitales lanzó una alerta nacional por la creciente circulación de armas de fuego, municiones y explosivos en entornos urbanos, un fenómeno que, lejos de ser aislado, está golpeando con fuerza a ciudades como Bucaramanga y al departamento de Santander, donde en los últimos meses se ha registrado un aumento preocupante de homicidios y hechos violentos de alto impacto.
De acuerdo con el análisis técnico de la Dirección de Seguridad de Asocapitales, Bucaramanga se ubica entre las capitales con mayor incidencia de delitos cometidos con armas de fuego.
La ciudad no solo figura en el grupo que concentra buena parte de la violencia armada del país, sino que además presenta una de las tasas más altas de ocurrencia de delitos con arma de fuego por cada 100.000 habitantes.
En el caso de Santander, las autoridades locales han reconocido que la escalada de homicidios registrada en los últimos meses tiene un denominador común: el uso recurrente de armas de fuego, muchas de ellas de procedencia ilegal.
Barrios residenciales y zonas comerciales de Bucaramanga y su área metropolitana han sido escenario de asesinatos selectivos, ajustes de cuentas y ataques armados que reflejan una mayor disponibilidad de armamento y una peligrosísima normalización de la violencia letal.
En este contexto, Asocapitales insistió en que el control, la incautación y la trazabilidad de armas y explosivos, competencias que recaen en entidades del orden nacional. “La ausencia de una política sostenida de desarme y de mecanismos efectivos para frenar el flujo de armas ilegales está elevando la capacidad de fuego de las estructuras criminales que operan en las ciudades”, reclamó la Asociación de Capitales por medio de un documento que deja cifras preocupantes.
Por ejemplo, uno de los puntos más alarmantes del informe es la presencia de explosivos de uso militar en zonas urbanas, una señal de que el crimen organizado está incorporando dinámicas propias del conflicto armado degradado. Este fenómeno no es ajeno a Santander, donde las autoridades han reportado la circulación de armamento de alto poder y el fortalecimiento de redes criminales que se nutren de mercados ilegales cada vez más sofisticados.
Según Asocapitales, ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga concentran de manera conjunta el 23,8 % de las armas incautadas a nivel nacional y una proporción significativa de homicidios intencionales cometidos con arma de fuego. En estos centros urbanos también se registra una alta participación de armas en hurtos a personas, comercios y automotores, lo que impacta de forma directa la seguridad ciudadana y la actividad económica.
El análisis histórico de UNODC y Asocapitales muestra que, mientras las armas legales en manos de particulares han disminuido en las últimas décadas, las armas ilegales no han dejado de crecer, superando los 4,2 millones en 2017. A esto se suma un mercado ilegal cada vez más diversificado, con contrabando transnacional, producción de armas hechizas de difícil trazabilidad y el uso de plataformas digitales y redes sociales para su comercialización.
Estas dinámicas, combinadas con los enfrentamientos entre grupos armados ilegales en distintas regiones del país, han generado flujos constantes de armas hacia las ciudades, trasladando la violencia del conflicto armado a los cascos urbanos.