Así era el Mencho, el mas brutal, sangriento y escurridizo narco mexicano

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Resumen

Nemesio Oseguera Cervantes, alias 'el Mencho', lideró el CJNG con brutalidad, convirtiéndose en el narcotraficante más temido de su época. Su estrategia basada en la violencia se instaló en el terror transnacional y su caída marcó un cierre violento.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Camilo Silvera
Así era el Mencho, el mas brutal, sangriento y escurridizo narco mexicano

 

En la historia del narcotráfico, algunos nombres resuenan como ecos de violencia que marcaron épocas enteras. Sin embargo, entre ese panteón oscuro la figura de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes terminó por imponerse como el rostro más brutal de su era criminal.

Antes estuvieron los viejos titanes. El imperio de Pablo Escobar Gaviria cayó entre balas; Joaquín Guzmán Loera terminó tras las rejas; Ismael Zambada García quedó bajo presión constante; Amado Carrillo Fuentes murió en circunstancias turbias; y los capos del cartel de Cali, Gilberto Rodríguez Orejuela y Miguel Rodríguez Orejuela, vieron desmoronarse su poder.

Todos ellos dominaron territorios, desafiaron Estados y sembraron terror. Pero sus organizaciones terminaron debilitadas o fragmentadas. En ese vacío emergió un hombre cuya reputación se alimentó del miedo, la sangre y la guerra abierta: el Mencho.

Al frente del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), se convirtió en el enemigo número uno de las autoridades mexicanas y estadounidenses, señalado como el narcotraficante más poderoso y despiadado del mundo.

La trayectoria de Oseguera Cervantes no estuvo marcada por la discreción estratégica de otros capos, sino por una violencia desbordada, exhibida como mensaje de dominio.

Su organización construyó un aparato armado con lógica casi militar: ejércitos de sicarios, armamento pesado, despliegues públicos de fuerza y métodos de exterminio sistemático contra rivales. Las autoridades atribuyen al CJNG masacres, desapariciones masivas y la proliferación de fosas clandestinas en distintos estados mexicanos.

Un agente de la Drug Enforcement Administration llegó a describir sus métodos como comparables con los de organizaciones terroristas por su brutalidad y escala.

La violencia no era un recurso ocasional: era su marca personal. Oseguera Cervantes construyó su reputación mediante campañas de exterminio contra enemigos históricos como Los Zetas, ganándose el apodo de “el mata-zetas”. Su estrategia consistía en aplastar, absorber o eliminar.

 

Un imperio criminal global

En menos de una década, el CJNG pasó de ser una célula regional a una maquinaria criminal con presencia en gran parte de México y redes de tráfico hacia Estados Unidos, Europa, Asia y África.

En 2017, el entonces fiscal general estadounidense Jeff Sessions calificó al CJNG como una de las organizaciones criminales transnacionales más peligrosas del planeta. Para ese momento, el cartel ya traficaba toneladas mensuales de cocaína y metanfetamina hacia territorio estadounidense.

El Mencho había levantado un imperio que combinaba narcotráfico, lavado de dinero internacional y control territorial mediante terror sistemático.

A diferencia de otros capos mediáticos, Oseguera Cervantes cultivó el sigilo absoluto. Su figura se convirtió en mito: pocos registros visuales, escasas apariciones públicas y una red de protección férrea.

Su poder sobrevivió incluso a los golpes contra su círculo íntimo. Hermanos, hijos y su esposa fueron arrestados en distintos operativos, pero el líder permaneció intocable durante años. Cada captura en su entorno reforzaba su leyenda como un fantasma inalcanzable.

Mientras tanto, su organización respondía con represalias violentas contra funcionarios, periodistas y fuerzas de seguridad.

 

Una carrera marcada por sangre

El cerco internacional se estrechó con el tiempo. La recompensa por información que condujera a su captura alcanzó los 15 millones de dólares, reflejo del nivel de amenaza que representaba.

Finalmente, su carrera terminó de forma violenta durante una incursión del Ejército mexicano en las montañas donde se ocultaba. La caída del hombre que había convertido la brutalidad en estrategia de poder marca el cierre de uno de los capítulos más sangrientos del narcotráfico contemporáneo.

Su legado, sin embargo, deja una pregunta inquietante: si el narcotráfico siempre encuentra nuevos rostros para ocupar el trono, la historia del Mencho podría ser solo un episodio más en una guerra que parece no tener final.

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por Camilo Silvera
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