Bucaramanga precisa del sentido de pertenencia de los Concejales

Resumen

El Alcalde de Bucaramanga busca la aprobación de un empréstito para financiar obras cruciales: el intercambiador de la calle 5 y la ampliación de una vía, junto con la renovación de 1,300 semáforos, mejorando así la movilidad urbana y la infraestructura vial.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Bucaramanga no necesita anuncios ni debates estériles en el Consejo de la ciudad. Necesita decisiones que destraben obras clave, mejoren la movilidad y le devuelvan orden a una ciudad que no tolera más parches.

Por eso, el proyecto de empréstito que el Alcalde Christian Fernando Portilla Pérez llevará al Concejo, este viernes, merece una discusión seria, responsable y urgente.

La capital santandereana tiene dos prioridades que no admiten más aplazamientos, discusiones o ajustes dilatorios y es avanzar en la Troncal Norte Sur y renovar una red semafórica obsoleta.

El primer destino de los recursos apunta a una obra estratégica para el futuro urbano. El intercambiador de la calle 5 con carrera novena, cerca del Puente Provincial, junto con la ampliación de la carrera 2W en el sector del barrio Mutis hasta el tradicional y concurrido Mercado Campesino, no son caprichos de ingeniería.

Son piezas de una solución de movilidad que Bucaramanga reclama desde hace años. Cada día perdido en ese frente cuesta tiempo, productividad, seguridad vial y paciencia ciudadana. Una ciudad atrapada en la congestión no puede aspirar a un desarrollo ordenado ni a una circulación digna de su dinámica económica.

El segundo componente del préstamo también responde a una necesidad concreta y visible. Cambiar 1.300 semáforos exige una inversión alta, pero postergar esa modernización sale más caro.

Una red semafórica eficiente reduce traumatismos viales, mejora la coordinación del tránsito, ordena corredores críticos y fortalece la respuesta ante una ciudad que crece con una infraestructura que quedó atrás. No se trata de una obra menor.

Se trata de una intervención que impacta todos los días la vida de conductores, peatones, comerciantes y usuarios del transporte público. El municipio plantea un empréstito por medio billón de pesos, con cerca de $400.000 millones para infraestructura y $110.000 millones para reemplazar la vetusta red semafórica.

La cifra impone prudencia, pero también sentido de ciudad. Cuando una administración expone con claridad el destino de cada peso y concentra la inversión en frentes prioritarios, el Concejo tiene el deber de evaluar el proyecto con visión de largo plazo.

La anuencia política no puede depender de coyunturas ni de ruidos partidistas. Bucaramanga requiere respaldo institucional para ejecutar obras que su Plan Maestro de Movilidad ya considera indispensables.

También resulta acertado que el alcalde busque mejores condiciones con la banca privada, en especial tasas de interés más favorables. Cuidar las finanzas públicas no contradice la ejecución de obras, por el contrario, la hace viable y sostenible, porque un crédito mal negociado debilita cualquier avance. Un crédito bien estructurado acelera la transformación urbana sin sacrificar la estabilidad fiscal.

Aprobar el empréstito, con vigilancia estricta y controles claros, no significa firmar un cheque en blanco. Significa poner la ciudad por delante de mezquindades y respaldar una apuesta que puede marcar un antes y un después para la capital santandereana.

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