Bucaramanga se pinta aún más bonita

Bucaramanga se pinta aún más bonita

Resumen

Bucaramanga impulsa el arte urbano en espacios autorizados para embellecer la ciudad, fortalecer la identidad colectiva y promover apropiación del espacio público.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Alejandra León

 

 

Bucaramanga se mira al espejo y reafirma su esencia como la “Ciudad Bonita”. Esta vez, no solo por sus parques y su clima privilegiado, sino por una apuesta decidida por el arte urbano como herramienta para embellecer aún más sus espacios y potenciar su transformación social, estética y cultural.

 

Por Alejandra León Campbell - Periodista / EL FRENTE

En la intersección de la calle 15 con carrera 27, un punto neurálgico de la ciudad, el gris del concreto empezó a ceder terreno ante el color, las formas y los mensajes. Allí, un grupo de artistas locales intervino el espacio en el marco de una iniciativa de arte libre que hoy empieza a redefinir la relación entre ciudadanía, espacio público y expresión artística.

Uno de esos protagonistas es Andrés Guturo, artista urbano que ve en estas iniciativas una plataforma de impacto más allá de lo visual. Desde su perspectiva, el arte urbano funciona como un catalizador de identidad, diálogo y apropiación ciudadana, capaz de convertir espacios cotidianos en verdaderos escenarios de expresión artística y sentido colectivo.

Alcaldía, DADEP e IMCT abren espacio al arte Detrás de esta intervención hay un componente clave: la institucionalidad. La Alcaldía de Bucaramanga, a través del Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público (DADEP), emitió la Resolución 4-R-DADEP- 202512-0000037.

Esta resolución redefine las reglas del juego para el arte urbano en la ciudad. Por un lado, establece claramente los espacios donde no está permitido intervenir (como señales de tránsito, infraestructura pública sensible o bienes de interés cultural), pero, al mismo tiempo, legitima y promueve la creación artística en zonas autorizadas.

Este acto administrativo da cumplimiento al Acuerdo Municipal 010 de 2016, que creó el Comité de Arte Urbano Gráfico y estableció la necesidad de concertar espacios donde los artistas puedan expresarse libremente.

 

Reinterpretar el grafiti, una oportunidad para transformar la ciudad

La clave está en el equilibrio. El arte urbano necesita libertad, pero también diálogo. Cuando hay espacios concertados, se gana en calidad, en impacto y en respeto por la ciudad. Ese impacto ya se empieza a sentir, donde antes había muros deteriorados o sin identidad, hoy hay piezas que cuentan historias, que reflejan realidades sociales y que, sobre todo, dignifican el entorno.

Este proceso también ha fortalecido la relación entre comunidad y espacio público. Las intervenciones no solo transforman muros, sino la manera en que los ciudadanos perciben y habitan su entorno. Un lugar intervenido con arte deja de ser ajeno y empieza a generar sentido de pertenencia, cuidado y apropiación colectiva, claves para consolidar entornos más seguros y cohesionados. El valor de esta iniciativa va mucho más allá de lo visual.

En varios barrios populares, artistas vinculados a estos procesos han liderado talleres y espacios formativos con niños y jóvenes. La lógica es convertir el arte en una alternativa real frente a contextos de riesgo.

 

El espacio público como escenario de libertad

La normativa reconoce un punto clave en cualquier democracia: la libertad de expresión. La Corte Constitucional ha señalado que esta tiene una protección amplia, aunque no absoluta, lo que implica que debe ejercerse con responsabilidad y respeto por los demás. Desde esa perspectiva, artistas como MASV entienden su trabajo como una herramienta para comunicar y conectar con la comunidad.

“Hacer arte urbano para mí es una forma de expresión artística donde, por medio del grafiti y el muralismo, puedo reflejar algún pensamiento o sentimiento que quiero transmitir a toda la comunidad, ya sea virtual o física”, afirma.

Su inspiración nace del diario vivir de las personas y de una estética que combina elementos de animación con un fuerte anclaje al realismo, buscando captar la atención del público e invitarlo a analizar cada obra.

 

Intervenir también exige responsabilidad

Sin embargo, no todo ha sido armonía en estos espacios intervenidos. Algunas de las obras autorizadas, fruto del diálogo entre artistas y entidades, han sido posteriormente cubiertas por otras intervenciones no concertadas, en ocasiones con mensajes políticos polarizantes o simplemente con nuevas piezas que se superponen sin criterio colectivo.

Frente a este escenario, Andrés Guturo reconoce que no es la manera adecuada de construir sobre lo ya creado, pero evita entrar en confrontaciones. Su postura, más que reactiva, es propositiva: entiende el arte como un ejercicio que debe nacer desde el respeto y la intención de aportar. Para él, la clave está en seguir creando desde una visión positiva, donde cada trazo sume a la ciudad y no divida lo que ya se ha construido.

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