Castigo a los contratistas de las concesiones viales
Resumen
La corrupción en la gestión de concesiones viales y abandono de la malla vial en Santander llevaron al cierre de peajes como protesta. Los peajes y obras incompletas han fracasado, afectando la seguridad y el desarrollo vial de la región.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)El cierre de las estaciones de peaje en Pescadero, Curití y Oiba, del departamento de Santander, constituye una ‘lección de honor’ del transporte terrestre que, -- cansados por el abandono oficial en que se encuentra la malla vial de Santander --, no quedaba otro recurso que ejercer el bloqueo en la carretera más importante del oriente colombiano. El gobierno nacional ha gastado miles de millones de pesos en la financiación de las nuevas elecciones del denominado ‘Pacto Histórico’, donde se roban la plata a montones y habrá que realizar el juicio de responsabilidades por el daño que el presidente Gustavo Petro le ha hecho a los santandereanos.
La entrega de las concesiones viales de la nación ha sido un rotundo fracaso. Durante muchos años las estaciones de peaje le han pertenecido a la nación, donde se roban el dinero correspondiente al mantenimiento de las carreteras troncales. Es parte de la picaresca contratista que estamos padeciendo durante las últimas administraciones nacionales, donde hemos padecido las consecuencias de la corrupción más espantosa que haya padecido la república de Colombia. Hace catorce años, durante la administración del exgobernador Horacio Serpa Uribe, se le asignaron ciento noventa mil millones a la variante de San Gil y las obras se han quedado en el laberinto de la historia, porque nadie más volvió a reclamar por la necesidad de construir ese corredor vial.
El Instituto Nacional de Vías –INVIAS – ha sido cómplice de los contratistas, que luego de alzarse con los respectivos contratos, abandonan el control de las obras, como ha ocurrido en el sector Socorro – Oiba – Barbosa, que es una de las carreteras más peligrosas del país. Hemos padecido las consecuencias de este trayecto de la carretera nacional que atraviesa las calles de la histórica ciudad del Socorro, con las caravanas de tractomulas que constituyen un peligro para la vida humana y donde debería construirse una variante por la zona oriental de la capital de la provincia comunera, para desviar el tráfico pesado por el corregimiento de Luchadero a conectar con la Vereda La Culebra, que es un punto geográfico donde se han perdido los esfuerzos de la clase dirigente santandereana.
Lo mismo está pasando con la troncal del Magdalena Medio, desde Puerto Araujo hasta el municipio de San Alberto, en el departamento del Cesar, donde todas las semanas ocurren dramáticos accidentes de tránsito y ninguno de los diecisiete (17) parlamentarios que tiene Santander, incluidos los fracasados representantes a la cámara y los senadores, han sido capaces de levantar la voz en el hemiciclo del Capitolio Nacional, para recordarle al presidente de la República que los santandereanos merecemos mayores transferencias del Estado Colombiano que ayudamos a crear hace ciento cincuenta años.