Cepeda dice que no tocará la Constitución durante su eventual gobierno ¿Le creemos?
Resumen
Iván Cepeda afirmó que una Asamblea Constituyente no es prioridad en su eventual gobierno y propuso primero un acuerdo nacional para abordar problemas estructurales.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
En un país donde la sola palabra “constituyente” suele encender alarmas como sirenas en la madrugada, el candidato presidencial Iván Cepeda optó por bajar el volumen del debate y enviar un mensaje de calma en medio de la creciente tensión política.
Durante una entrevista con El Reporte Coronell, el aspirante del Pacto Histórico se desmarcó de uno de los mayores temores que ronda a amplios sectores del electorado: la posibilidad de que un eventual gobierno de izquierda impulse una Asamblea Nacional Constituyente para reemplazar la Constitución de 1991. Su respuesta fue directa y sin rodeos: no es una prioridad.
La afirmación no llega en un vacío. En distintos escenarios políticos y económicos del país se ha instalado un nerviosismo persistente ante la idea de reabrir las bases constitucionales, una jugada que muchos interpretan como un salto al terreno de lo incierto. Por eso, la postura de Cepeda cae como una especie de pausa en medio del ruido, un intento de enfriar una discusión que ha sido utilizada como bandera de confrontación.
Lejos de proponer un cambio inmediato en las reglas del juego, el candidato planteó otro camino: un “acuerdo nacional”. En su visión, antes que reescribir la Constitución, Colombia necesita sentar a la mesa a sus múltiples orillas, políticas, económicas y sociales, para pactar soluciones sobre los problemas estructurales que siguen sin resolverse.
Corrupción, narcotráfico, transición energética y transformación de los territorios aparecen como los ejes de ese eventual diálogo. Más que una cirugía constitucional, Cepeda propone una especie de tratamiento integral, donde el consenso sea el bisturí y no la imposición.
“No vamos a comenzar a discutir si es o no es la Asamblea Constituyente sin haber discutido lo que está a la base”, explicó, dejando claro que cualquier debate sobre cambios constitucionales sería, en todo caso, una consecuencia y no el punto de partida.
Ese matiz resulta clave en el clima actual. Mientras algunos sectores temen que una constituyente pueda abrir la puerta a reformas profundas e impredecibles, la idea de priorizar acuerdos graduales introduce un elemento de estabilidad en la conversación pública.
Sin embargo, Cepeda tampoco cerró completamente la puerta. Admitió que, si de ese eventual consenso nacional surge la necesidad de una constituyente como mecanismo para implementar acuerdos, podría evaluarse. Pero insistió en que ese escenario no está hoy sobre la mesa como iniciativa de su campaña.
El mensaje, en esencia, busca equilibrar dos fuerzas: por un lado, la necesidad de impulsar reformas sociales ambiciosas; por el otro, la preocupación de amplios sectores que ven en la Constitución del 91 un ancla institucional que no debería soltarse a la ligera.
En paralelo, el candidato destacó el papel que jugaría el Congreso, donde el Pacto Histórico cuenta con una de las bancadas más robustas, como el escenario natural para tramitar cambios sin necesidad de acudir a mecanismos extraordinarios.
Así, en medio de una campaña cargada de pulsos ideológicos y temores cruzados, Cepeda ensaya una jugada de contención: hablar de reformas sin hablar de ruptura, de cambios sin saltos al vacío. Una narrativa que, al menos por ahora, busca transformar el nerviosismo en una expectativa más serena… aunque el tablero político colombiano rara vez permanece en calma por mucho tiempo.