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Colombia bate récord con las remesas: el dinero que llega de afuera ya pesa más que el café

Resumen

Colombia alcanza un récord de remesas en 2025, superando $13.500 millones. La creciente adopción de criptomonedas está transformando la rapidez y el costo de enviar estos fondos, siendo crucial para muchos hogares colombianos. Las remesas son un pilar económico del país.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Colombia bate récord con las remesas: el dinero que llega de afuera ya pesa más que el café

Imagina una madre en Cali que, cada quince del mes, revisa su celular con el corazón en un puño. Cuando llega el mensaje del banco, respira hondo: son los dólares que su hijo le manda desde Miami. Esa escena se repite en millones de hogares colombianos y explica por qué las remesas se han convertido en la gran arteria económica del país. Hasta noviembre de 2025, según las cifras que acaba de publicar el Banco de la República, Colombia ha recibido más de 12.200 millones de dólares en envíos de sus migrantes. Si la tendencia se mantiene, el año cerrará por encima de los 13.500 millones, una cifra que deja atrás cualquier récord anterior y que ya supera con holgura lo que entra por café, flores o incluso petróleo.

Y no es solo volumen. Lo que más llama la atención es cómo están llegando esos dólares. Los canales tradicionales siguen siendo los reyes, pero cada vez más gente descubre que puede mandar plata más rápido y barato usando criptomonedas. Hay quienes reciben directamente stablecoins o convierten bitcoin a dolar en cuestión de minutos, pagando comisiones ridículas comparadas con las de Western Union o los bancos. En Colombia, donde cinco millones de personas ya mueven criptoactivos de alguna forma, este hábito se está volviendo cotidiano. Según datos del exchange Binance, el volumen de remesas en stablecoins hacia el país creció más de 50% solo en el último trimestre de 2025.

Un salto que nadie vio venir tan grande

Cuando uno revisa la serie histórica, el crecimiento asombra. Hace apenas cinco años, en 2019, las remesas rondaban los 6.700 millones. Desde entonces han doblado con creces. El pico de 2024 fue de 11.848 millones, y este 2025 lo está pulverizando mes a mes. Solo en octubre entraron 1.092 millones, un 5,4% más que el año anterior. 

El Banco de la República lleva años diciendo que estas divisas son el gran estabilizador de la balanza de pagos, y ahora lo confirman los números: representan ya más del 3,2% del PIB proyectado. En un país donde la economía crece despacio, ese dinero fresco llega como oxígeno puro.

De dónde sale tanta plata

La respuesta es sencilla y a la vez dolorosa: de la diáspora. Estados Unidos concentra más de la mitad de los envíos, con Florida y Nueva York como epicentros. Allí viven y trabajan cientos de miles de colombianos que, aunque extrañan el clima y la arepa, ganan salarios que aquí serían impensables. 

España aporta otro 14% aproximadamente, sobre todo desde Madrid y Barcelona, donde muchos llegaron en los años duros de la crisis local. Chile, Panamá y Canadá completan la lista, pero con porcentajes mucho más modestos. Es una geografía del esfuerzo: cada dólar remitido lleva detrás horas extras, turnos nocturnos y la decisión de vivir lejos de la familia.

Lo que hace el dinero cuando llega

Ese dólar no se queda quieto. Se transforma rapidísimo en comida, en matrículas escolares, en ladrillos para mejorar la casa. Estudios del Banco de la República calculan que cada dólar remitido genera entre 1,6 y 2,1 dólares adicionales en actividad económica. En el Eje Cafetero, en el Valle o en Antioquia (las regiones que más reciben) los comerciantes lo notan de primera mano: las ventas suben, las construcciones informales brotan, los pequeños negocios respiran. 

En un año donde la inflación aún aprieta y el crecimiento del PIB apenas ronda el 2%, estas remesas actúan como un colchón silencioso que evita males mayores. Al mismo tiempo, crean una dependencia: cerca de tres millones de hogares colombianos viven, total o parcialmente, de esos giros mensuales.

La revolución cripto que nadie reguló del todo

Aquí es donde la historia se pone interesante. Colombia se ha convertido en uno de los laboratorios latinoamericanos de las criptomonedas aplicadas a la vida real. Cinco millones de personas ya tienen alguna wallet o han comprado bitcoin alguna vez, según el último Blockchain Latam Report. Y aunque la Superfinanciera mantiene reglas estrictas, el uso de stablecoins para remesas ha explotado. Las comisiones pueden bajar hasta un 90% respecto a los operadores tradicionales, y el dinero llega en minutos, no en días. 

Binance, uno de los exchanges más usados en el país, reporta que las transferencias en USDT y USDC hacia cuentas colombianas se han disparado en 2025. El bitcoin, que este 18 de diciembre cotiza alrededor de los 87.000 dólares, sirve también como puente: muchos migrantes lo compran en su país de residencia, lo envían y lo convierten al llegar. Es una forma de sortear la devaluación del peso y las comisiones abusivas.

Los nubarrones que quedan

No todo es color de rosa. La regulación sigue siendo un terreno gris: la DIAN vigila, la Superfinanciera advierte y aún hay riesgo de estafas. Además, en zonas rurales la brecha digital es enorme; allí la remesa sigue llegando por el canal clásico, con sus costos altos y sus demoras. Hacia adelante, los expertos creen que el flujo tradicional se mantendrá fuerte mientras siga la migración, pero las cripto ganarán terreno inevitablemente. 

Si Colombia cierra 2025 por encima de los 13.500 millones, como todo indica, las remesas no solo habrán consolidado su lugar como el gran salvavidas económico, sino que habrán forzado al país a mirarse en un espejo incómodo: el de una nación que vive, en buena parte, del esfuerzo de quienes se fueron.

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