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Cuando un amigo se va

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Por: Jimmy Fortuna
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Resumen

El artículo rinde homenaje al maestro Luis Eduardo Jaimes Bautista, también conocido como J. B., reconociendo los espacios de diálogo y camaradería creados por él en torno a la literatura. Destaca también los proyectos inconclusos dejados tras su partida.

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Luego de la partida del maestro Luis Eduardo Jaimes Bautista, más conocido en el mundo de las letras, como J. B., ha quedado un gran vacío.  Su compañía fue siempre un aliciente para estas duras épocas en las que la banalidad se asume como reina absoluta. Cada encuentro entre amigos, fue el espacio propicio para hablar de libros, de escritores, de novedades literarias, de concursos de poesía, de ferias del libro, de próximos lanzamientos, sin afanes, sin egos y sin elucubraciones complejas.  Todos los momentos, compartidos con el maestro J. B., fueron portales a otros mundos, en donde la palabra, el respeto y la camaradería siempre estuvieron presentes.

En el tintero quedaron varios proyectos inconclusos, los siguientes tomos de la obra Diario para la memoria, de la Editorial El Libro Total Ltda., en la que compilé parte de sus mejores columnas de opinión para El Frente, así como sus aproximaciones al arte en general y, lógicamente, sus textos de creación literaria, en los que la poesía, como diría Cerati, «[...] es la única verdad».  Incluso, con dos grandes artistas, Yorley Camacho y Milton Afanador Alvarado, se llevó a cabo el proceso de elaboración y diseño de la portada, que le rinde homenaje a Bucaramanga, tierra que recibió siempre con los brazos abiertos al maestro J. B.

En La Casa del Libro Total o en los alrededores de la Alcaldía de Bucaramanga, nos encontrábamos siempre al calor de un café, con el firme propósito de dialogar, escucharlo hablar acerca de sus últimos viajes y periplos literarios.  En el último encuentro, conversamos acerca de su nuevo libro de poesía y del proyecto, que, con otros amigos, estábamos y seguimos gestando: una revista de literatura.

El tiempo es nuestro cómplice, nuestro amigo, pero también nuestro mejor juez.  Como dice aquella famosa canción de Alberto Cortéz: «Cuando un amigo se va / Queda un espacio vacío / Que no lo puede llenar / La llegada de otro amigo».

Descansa en paz, amigo, compañero y admirado escritor.  Como alguna vez sostuve, los artistas son inmortales.  El tiempo pasa, pero sus creaciones, en este caso, los libros, seguirán permitiendo dialogar con sus ideas, sus apuntes, su lucidez y su encriptada poesía que abría portales de luz.

*Catedrático de la Universidad Industrial de Santander

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