Cuidar la democracia
Resumen
Hay confianza en la democracia, pero persiste una alta insatisfacción con su funcionamiento y crecen preocupaciones por la desinformación y la falta de educación cívica.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
La democracia, en palabras simples, es ese acuerdo que permite convivir en medio de las diferencias. Es lo que garantiza poder opinar, elegir, disentir, participar y exigir. Es, en esencia, el marco que hace posible que todas las voces tengan un lugar. No es perfecta, pero sigue siendo la mejor herramienta disponible para organizarnos como sociedad.
Por eso vale la pena preguntarse cómo está. Y la respuesta, según una encuesta nacional aplicada a 1.700 personas en más de 80 municipios, es tan honesta como inquietante: se cree en la democracia, pero no hay satisfacción con su funcionamiento.
De ahí surge Cuidar la democracia, una iniciativa liderada por una alianza amplia de universidades como la UNAB, la Universidad del Rosario, la Javeriana, EAFIT, Los Andes, UNIMINUTO, La Sabana, ICESI, la Tecnológica de Bolívar, el CESA y la Universidad del Norte, junto con organizaciones como Comfama, Sura y la plataforma filantrópica VélezReyes+.
Los resultados de esta encuesta fueron presentados el pasado 8 de abril en la UNAB, en un espacio que buscó, más que mostrar cifras, abrir una conversación necesaria.
Los datos son elocuentes. El 58 % de las personas encuestadas se siente insatisfecha con la democracia actual. Sin embargo, el 92 % sigue creyendo que el voto es una herramienta útil para generar cambios. Hay frustración, sí, pero también una expectativa de mejora. No hay desconexión total, sino una exigencia más alta.
Las pistas sobre por dónde avanzar también son claras. La educación aparece como un factor decisivo: el 88 % considera que una sociedad más educada fortalece la democracia, y una mayoría espera que las universidades participen más activamente en la conversación pública. No solo formando profesionales, sino ciudadanos capaces de cuestionar, informarse y participar.
A esto se suman preocupaciones concretas: la desinformación, la falta de transparencia electoral y el desconocimiento sobre el funcionamiento democrático. No son amenazas lejanas. Se manifiestan en lo cotidiano, en la manera en que circula la información y en cómo se toman decisiones.
También resulta revelador que, al preguntar quién debe cuidar la democracia, muchos señalen al gobierno y al Congreso, mientras la ciudadanía aparece en un lugar secundario. Allí hay un reto importante: entender que la democracia no es un servicio que se recibe, sino una práctica que se ejerce.
Iniciativas como esta alianza interinstitucional abren un camino valioso. Hay que recordar que conversar importa, que informarse importa y que participar importa. Cuidar la democracia no es un eslogan: es una tarea cotidiana que empieza por no ser indiferentes.
* María Ximena Mantilla Masias