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DE  FRONTERA  A  FRONTERA Crónica del Paseo de la Muerte

La crónica denuncia demoras, mala atención y fallas estructurales del sistema de salud colombiano, desde urgencias hasta la entrega de medicamentos.

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Luego de solicitar una cita para que mi esposa fuera atendida por una enfermedad que ya llevaba una semana, no fue posible, pues la “agenda estaba copada”, por lo que tomamos la decisión de hacerlo por atención prioritaria o de urgencias.  Sometidos a una larga espera fuimos atendidos y mientras le hacían los chequeos de rutina tuve la sensación de fuertes náuseas que me obligaron a salir corriendo en busca de un baño aledaño al recinto donde nos atendían, vómitos y dolor estomacal fuerte fueron mis primeros síntomas, por lo que la doctora nos remitió a una clínica por urgencias luego de corroborar que teníamos la misma EPS.

Así inició la tortuosa pesadilla sin fin, donde luego de 15 días fui “internado en casa”, recibiendo el tratamiento médico que debió hacerse desde un comienzo. Cuando llegamos a la clínica con la orden médica por urgencias no se tuvo en cuenta la atención inmediata que requería el caso, fuimos sometidos a un fichero de espera para pasar por Triage, violando la norma que dice: “No se atiende por orden de llegada, sino por el nivel de riesgo”. Luego de valorarnos se dieron cuenta que no estábamos “mamando gallo”, pese a ello fuimos enviados a una sala de espera para ser atendidos por un especialista.

En estas atestadas salas de espera, la angustia llenaba todos los rincones, niños que gritan del desespero, abuelos que gimen de dolor buscando un espacio para poder recostarse, revueltos, todos paliando a su manera con su enfermedad, muchas de ellas contagiosas que pueden agravar más la condición del vecino que las adquiere, mientras somos sometidos a la espera tortuosa de más de 12 horas mientras llega su turno, como fue mi caso. “Cómo se siente, mucho dolor, vómito, diarrea, en qué trabaja?, está deshidratado”. Todas las anteriores le respondí.  Me aplicaron una inyección para el dolor, una muestra de sangre y un examen coprológico y me sometieron nuevamente a la espera de los resultados.

Después de 2 semanas entre la clínica y la casa, repitiendo exámenes y sometido al mismo circulo vicioso de larga espera en salas atiborradas por clientes, no por pacientes, muchos de ellos ya familiares, al fin dieron con lo que tenía, un virus agresivo y una bacteria que complicó mi situación.  Al reclamar la droga recetada, luego de una larga fila, esta estaba agotada, por lo que tuvimos que comprarla, infortunadamente mi cuerpo la rechazó y nuevamente aparecieron los mismos síntomas que me llevaron otra vez a la clínica. Decididos a hacer valer nuestros derechos y denunciar el caso, así lo entendieron y decidieron hospitalizarme.

Fue lo que debieron hacer desde un comienzo, repetí. La atención en casa y la aplicación de la droga intravenosa, así como el seguimiento riguroso al tratamiento por parte de otros galenos empezaba a dar resultados. Tiempo que me permitió concluir que el sistema de salud en Colombia que dice cubrir a más del 90% de la población colombiana y de aseguramiento universal, es una farsa, un adefesio, subyugados a una crisis financiera y operativa desde hace muchos años, donde los gobiernos de turno poco o nada hacen por mejorarlo.

El funcionamiento piramidal está compuesto por el sistema del Adres, que administra los recursos de seguridad social y distribuye el presupuesto de la salud, entregando el dinero a las EPS para gestionar la atención del usuario, desviando los recursos de manera descarada, enriqueciéndose y declarándose en quiebra sin pagar a las IPS, que son las instituciones prestadoras de servicios como hospitales, clínicas y laboratorios, los que atienden a los pacientes o clientes, sometiéndose a una crisis financiera por falta de recursos. Y entonces, ¿qué podemos hacer?