De los periódicos, las caídas y Chuck Norris

Resumen

En los noventa, los héroes del cine como Stallone, Van Damme y Chuck Norris nos mostraban un mundo donde el bien y el mal eran claros. Hoy, los héroes piensan demasiado. Falta esa certeza de que alguien pueda cambiar las cosas, un símbolo de esperanza simple y valiente.

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by Edgar Muñoz
De los periódicos, las caídas y Chuck Norris

En los noventa, uno tenía que mirar el periódico para escoger la película de cartelera. Ahí aparecía todo, en letras pequeñas, con horarios y restricciones que, incluidos nosotros, casi nadie respetaba. Así llegábamos al Royal Plaza mis amigos de Neptuno y yo. La película era para mayores de 17.

Por: Edgar Julián Munoz González

Nosotros teníamos 10. Entrábamos como si nada, convencidos de que teníamos las tripas para ver acción pura como un derecho y no un privilegio. Era Riesgo total. En los primeros minutos, Stallone intenta salvar a una mujer colgando de un precipicio. La sostiene. Le habla. Le promete que no la va a soltar. Y luego la pierde. La mano se le resbala por el guante. La mujer cae. Ese día entendí el miedo a las alturas. Así eran esas películas. No pedían permiso ni explicaban demasiado. Mostraban, y uno creía.

Después vinieron todos los demás. Van Damme y sus patadas perfectas. Bruce Willis sudaba, sangraba, se desmayaba, se burlaba, pero al final siempre seguía y ganaba. Steven Seagal no corría ni se despeinaba. Simplemente estaba ahí, y con eso rompía brazos y rodillas. Y estaba Chuck Norris. No hacía falta entenderlo. Era suficiente saber que estaba del lado correcto. Incluso contra Bruce Lee. Todavía veo El Furor del Dragon y quiero que Chuck le gane. ¿Quién le hala los pelos del pecho a su oponente? Una vergüenza de Bruce. Eran hombres sin matices. O al menos así los veíamos. Personajes que no dudaban y que actuaban cuando el mundo se desordenaba.

Había algo tranquilizador en eso porque alguien siempre estaba dispuesto a poner orden. El bien y el mal eran bandos, nada de conceptos filosóficos para snobs. Hoy las cosas son distintas. Los héroes ahora piensan demasiado. Se cuestionan. Se equivocan. A veces ni siquiera ganan. Quizás sea más real, pero también es más confuso.

Bruce Willis hoy lucha contra una enfermedad que le borra la memoria. Chuck Norris se ha ido. Los otros envejecieron o quedaron atrapados en sus propias caricaturas. Y, sin embargo, no es solo eso lo que se perdió. Lo que se murió no fue un actor legendario. Fue una forma de ver el mundo. La idea de que alguien podía enfrentar el caos sin pedir permiso. La ilusión de que, en medio del desorden, bastaba con un hombre decidido para inclinar la balanza.

Uno salía del cine entendiendo que eso no era cierto. Pero durante hora y media, había esperanza. Y eso, en aquellos años, era suficiente. Tal vez por eso hoy en día, películas como Búsqueda implacable, El justiciero o John Wick volvieron a poner de moda ese tipo de héroe. Porque intentan recuperar algo de esa certeza.

Pero lo que quiero decir, aunque tal vez no lo logre del todo, es que al mundo le hace falta volver a creer en alguien que pueda cambiar las cosas. Mujer u hombre. No de forma perfecta, pero sí con un rumbo claro. Lejos de la charlatanería y las mentiras. Lejos de los narcoterroristas y de quienes los convierten en interlocutores respetables. Lejos de los viciosos que relativizan el mal según quién lo cometa. También de los que hablan de paz mientras conviven con la barbarie y la excusan. Alguien a quien no les tiemble la mano frente a los malandros y que haga sentir al más ingenuo que a alguien le importa el individuo y la familia como núcleo de la sociedad. Pero como explica el propio Google cuando uno pregunta cómo encontrar a nuestro personaje: no hay manera de encontrarlo. Chuck Norris lo encuentra a uno.

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