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¿Debo preocuparme por comer carne roja? Esto dicen los expertos sobre el cáncer y la dieta

Limitar la carne roja, especialmente procesada, puede reducir el riesgo de cáncer colorrectal. Cocinar a baja temperatura, marinar y elegir alternativas como legumbres y granos favorece la salud.

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Limitar la carne roja, especialmente procesada, puede reducir el riesgo de cáncer colorrectal. Cocinar a baja temperatura, marinar y elegir alternativas como legumbres y granos favorece la salud.

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Aunque no se puede afirmar con certeza que comer carne roja provoque cáncer, sí existen suficientes datos preocupantes como para sugerir que limitar su consumo puede reducir riesgos a largo plazo. Así lo muestran estudios que asocian un consumo elevado con un mayor riesgo de cáncer colorrectal, sobre todo cuando se trata de carnes procesadas como salchichas y embutidos.

Según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), la carne roja está clasificada como probablemente carcinógena para los humanos. La recomendación general es limitarla a tres porciones semanales (unos 85-113 gramos por porción). Un filete grande podría cubrir casi toda esa cantidad en una sola comida.

Cómo hacer que la carne roja sea más segura

La forma en que cocinamos la carne también influye. Cocinarla a temperaturas muy altas o carbonizarla genera compuestos potencialmente cancerígenos. Para reducir ese riesgo:

  • Marínela antes de cocinarla (adobos con hierbas como tomillo o romero pueden disminuir los carcinógenos hasta en un 88%).
  • Cocínela a fuego lento y evite el humo o la exposición directa al fuego.
  • Voltéela con frecuencia.
  • Use bandejas para recoger jugos y evite salsas hechas con restos de cocción.

Alternativas más saludables

Reducir la carne roja no implica renunciar al sabor o a la nutrición. Las legumbres, el tofu, los frijoles, los granos integrales y las verduras aportan proteína y fibra, y han demostrado beneficios para la salud general y prevención del cáncer.

Comer carne roja ocasionalmente no representa un gran riesgo, pero el consumo frecuente sí podría estar relacionado con enfermedades crónicas. La clave está en la moderación, en cómo se cocina y en qué alimentos se eligen para acompañarla o reemplazarla. Hable con su médico para evaluar su riesgo personal y encontrar el equilibrio adecuado en su dieta.