Democracia con lenguaje exacerbado

Resumen

El texto critica el tono agresivo y polarizado de la política colombiana tras la tragedia aérea en Putumayo, y señala que el debate se impone sobre la solidaridad y el diálogo.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Jaime Arrubla
Democracia con lenguaje exacerbado

En el accidente aéreo ocurrido el pasado lunes festivo del avión Hércules en Puerto Leguízamo, Putumayo, fallecieron 70 miembros del ejército y 57 resultaron heridos.  Sin duda, es una de las peores tragedias aéreas de Colombia en los últimos tiempos, que afecta gravemente a las Fuerzas Militares de la nación.

Momento doloroso donde la solidaridad y la unión de los colombianos debería imponerse para afrontar el duelo y analizar las razones de la tragedia para evitar que este tipo de accidente se repitan en el futuro. Sin embargo, el espectáculo público de “dires y diretes” entre el presidente de la República, dirigentes políticos de la oposición y exfuncionarios de gobiernos anteriores, son una muestra de la “fatiga democrática” que padece nuestra nación, donde se impone frente al diálogo, un cruce de insultos y reproches, utilizando un lenguaje exacerbado que muestra lo mal que se está la democracia colombiana.

“Mujer vampira”, “princesa de la oligarquía”, “mujeres de alma oscurecida” y “animal de carroña”, es la forma en que el jefe de Estado, símbolo de la unidad nacional, se refiere a quienes reclaman explicaciones sobre las causas de la tragedia. La reacción del presidente Gustavo Petro ha desatado polémica por el tono agresivo de sus mensajes en redes, marcados por señalamientos, insultos y el contrataque a la oposición que gobernando adquirió el avión hace algunos años, politizando la tragedia.

Se espera que el presidente Petro, en momentos calamitosos como éste, represente a la nación con mensajes de esperanza y solidaridad, en lugar del tono pendenciero que ha adoptado, atacando a todos los que intervinieron en el pasado en la adquisición de la aeronave, calificándola de “chatarra” y dejando de lado que él lleva cuatro años en el poder, que son los últimos años de vida que tuvo el avión, sin tomar determinaciones sobre el mismo, para repáralo, mantenerlo o darlo de baja. De salvador nada, ni de haber advertido el riesgo, al contrario, en lugar de adquirir aviones para un combate que no existe, bien podría haber actualizado la red de transporte de la fuerza pública.

No deja el presidente “títere con cabeza” en su cadena de insultos a sus antecesores en el gobierno, incluyendo expresidente y ministros a quienes acusa de haber comprado chatarra y prácticamente les endilga la responsabilidad por lo sucedido. Los llama “asalariados de los tacaños vampiros”, para concluir anunciando que: “Firmaré el decreto (...) de compra de armamentos (...) a las fuerzas militares se les debe comprar lo mejor de lo mejor y no lo que nos ordenen comprar”.  Lo que nos lleva a preguntarnos, ¿porque se demoró hasta el final de su gobierno para hacerlo?

Lamentable sobre manera el accidente ocurrido.  Por supuesto, que hay que realizar todas las investigaciones del caso para establecer las causas del accidente y derivar las responsabilidades del caso. Sin embargo, además de del dolor de la tragedia, hay que hacer otro réquiem por la democracia colombiana que ha perdido la lucidez y buenas maneras que se deben aportar en el arte de gobernar los pueblos.

 

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por Jaime Arrubla
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