¿Derecho a la cultura?
Resumen
La autora contrasta la intensa oferta cultural de Buenos Aires con la escasa y costosa de Bucaramanga, y pide más apoyo público para artistas y acceso a la cultura.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)Por: Maura Samara Suárez
Para Semana Santa he estado de viaje por Buenos Aires, una ciudad hermosa, pero lo que más me llamó la atención es su oferta cultural. Todos los días hay actividades gratuitas y pagas, totalmente diversas. Durante la semana asistimos a eventos culturales a diario: desde filarmónicas, musicales, muestras de arte, stand up, teatro y cantantes; incluso voy a añadir como actividad cultural asistir a un partido de fútbol en La Bombonera.
Me sorprende esta diversidad de actividades porque parecen interminables, algo que no veo usualmente en mi ciudad. Intento asistir a la mayor cantidad de actividades culturales que hay: voy al Teatro Santander el día del mes en que se presenta la sinfónica de forma gratuita, a algunos eventos de la UIS, pero más allá de eso, la cultura en Bucaramanga se está desapareciendo o es muy cara, incluso para los estudiantes. Es interesante que en Buenos Aires se ven personas desde muy jóvenes asistiendo al teatro; los padres inculcan esta formación desde temprano y el Estado lo fortalece ofreciendo descuentos para los estudiantes y los adultos mayores.
Desde pequeña sé que me encantan los musicales porque los veía por Disney. Fui una de los llamados en Estados Unidos “theater kids”, pero realmente nunca lo fui, porque no había escenarios teatrales con la medida de Broadway. Los musicales que he visto han sido por televisión, desde Hamilton, Los miserables y Mamma Mia; por eso sé que me encantan, pero hasta este viaje nunca había visto uno en persona.
Asistí a el musical Papá por siempre. Entre los actores había una niña de unos 15 años: cantaba increíble, bailaba muy bien y su presencia en escena era maravillosa. Me hizo pensar que, en mi ciudad, realmente no existe esa preparación. Los artistas se hacen casi que con las uñas. Actualmente existe el EMA y antes había algo más pequeño en el IMCT, pero la realidad es que es difícil formar al próximo Hugh Jackman en Bucaramanga, porque no hay la preparación ni las obras de la calidad necesaria para formarlos; deben irse del país para poder lograrlo.
Me preocupa mucho esta situación, porque personas como yo, que apreciamos el arte, no podemos disfrutarlo en nuestra ciudad. Ahora todo se puede ver por internet o incluso la ópera en Cine Colombia, pero no es igual que ver en vivo la puesta en escena de estas obras. Es increíble verlo; incluso lloré de la felicidad al ver un musical en persona.
Si ese es mi pensamiento respecto a la poca cantidad de arte que puedo apreciar, no me imagino cómo debe ser para los artistas la poca cantidad de apoyo que tienen. Siempre que encuentro algo que vale la pena, intento recomendarlo, apoyarlo y asistir, porque generalmente termina siendo un hobby; pocos son los que pueden vivir del arte en Bucaramanga.
Ojalá esa situación cambie con políticas públicas permanentes. Ojalá los precios de los teatros sean subsidiados para los estudiantes. Ojalá se apoye a los artistas más allá del EMA y el Teatro Santander. Ojalá podamos hacer de Bucaramanga una ciudad más cultural. Creo que hay espacios culturales que ni siquiera notamos: desde llevar a los niños a ver obras de teatro o sinfónicas, asistir a conciertos, o incluso —y aquí lo sostengo— ir a un partido del Bucaramanga y escuchar las canciones de la Fortaleza Leoparda. Esas pequeñas cosas también son cultura, y debemos, entre todos, formarla. Seguiré alimentando este ensayo en las próximas semanas, porque este viaje a Buenos Aires ha sido culturalmente muy rico y todavía hay mucho por reflexionar a partir de lo que he vivido.