Desarmar la palabra antes que emitir decretos
El texto llama a desideologizar la política y a reducir el discurso de odio para que la convivencia en Colombia prime sobre la polarización.
El texto llama a desideologizar la política y a reducir el discurso de odio para que la convivencia en Colombia prime sobre la polarización.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
··········
········
Por: Rodrigo González Márquez*
Las ideas se adaptan a la realidad. Las ideologías pretenden que la realidad se adapte a ellas. Este 21 de junio, a eso de las 7PM, tendremos el nombre de quien llevará la batuta en la administración de lo público en nuestro país. Más allá de saber cuál es el “equipo ganador”, lo preocupante es lo venidero. Las ideas crean, llaman a la imaginación en búsqueda de escenarios que mejoren la coyuntura. En el mundo de las ideologías hay un cerramiento celoso, una vigilancia de las ideas que pueden entrar, y de las que quedan por fuera. Si bien las ideologías han funcionado para transformaciones sociales, el problema surge cuando pretenden convertirse en un sustituto de la realidad. Si el capitán del navío solo dará comida y buen trato a los que reman de un lado, el barco terminará dando vueltas en su propio eje, hasta que el cansancio comunal forje su propio remolino inquisidor.
Esta columna no pretende subrayar las funciones básicas de un presidente. Más que hablar de políticas, proyectos, reformas, entre muchas otras, el llamado es a la “desideologización”. El reto, no sé si más importante, pero sí, el más apremiante que deja la polarización es el de avasallar los discursos de odio, acabar con la estigmatización, evitar a toda costa el escalamiento de la violencia por intolerancia, conquistar un ambiente llevadero para el día a día de los colombianos, y en últimas, poder sentarnos alrededor de un café como amigos, y no desde trincheras.
Para ello se necesita corresponsabilidad. Por una parte, quien ocupe la Casa de Nariño, antes que emitir un decreto, tendrá como principal misión “desarmar la palabra”. Por otra, como ciudadanía debemos entender que el pensar distinto enriquece la cultura, pero es la tolerancia la encargada de viabilizar ese enriquecimiento; de lo contrario, la violencia seguirá reinando en la mesa familiar, en la oficina, en las redes, en la vida misma.
El presidente electo tendrá algo seguro, dos fantasmas lo perseguirán: la sospecha por parte de quienes no lo eligieron, y el revanchismo como posible consejero de gobierno. Y es aquí donde el mundo de las ideas debe reinar. No se espera que llegue a “destripar”, o a exponer como “mafiosos” a quienes votaron en contra. El deber ser apunta hacia un administrador que demuestre que tendrá una escucha activa de los distintos sectores. Los líderes inspiran a sus seguidores. Si el ejemplo va a ser estirar eternamente – o al menos por cuatro años – el índice inquisidor hacia la Colombia que no lo eligió, serán cuatro años violentos y de atraso.
Colombia es una sola palabra. La responsabilidad de su división dependerá del tipo de liderazgo presidencial y de su gabinete. Desde un café en el corazón de Bucaramanga, cuyo aroma ambiental destila pujanza, dignidad y ensoñaciones, quiero invitar al presidente electo a que haga honor a este aroma prometedor. Que tenga una precisión quirúrgica en sus intervenciones orales o escritas.
Colombia merece un respiro, merece buen trato. No estamos condenados a seguir alimentando egos a costa de la rivalidad mimética de la que hablaba Girard. Permítanos seguir disfrutando de un buen café, con la tranquilidad de que, quien está allá en el Palacio de Nariño, realmente representa a un país, y no sólo a quienes remaron de su lado hasta el 21 de junio.
Memento Mori: En tierra de ciegos el tuerto es rey. Colombia no necesita ni tuertos, ni reyes.
*Docente y Consultor en manejo de conflictos X: @rodrygonzalezma