El apocalíptico 2026
Resumen
El artículo destaca cómo la incertidumbre ha sido parte de la historia humana, y en épocas actuales, marcada por desarrollos tecnológicos y cambios socio-políticos, es más relevante que nunca. Sin embargo, en vez de temerla, deberíamos verla como una oportunidad.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Nos acostumbramos a ver el tiempo de forma lineal: pasado, presente y futuro. Sin embargo, muchos científicos están dando la razón a los antiguos, que de manera intuitiva lo percibían como circular. De cualquier modo, los humanos tendemos a recordar el pasado a nuestra conveniencia y, desde siempre, hemos intentado predecir o incluso adivinar el futuro sin éxito. En la antigüedad, la gente acudía a oráculos famosos como los de Delfos, Dídima, Olimpia, donde sacerdotes interpretaban visiones —quizá bajo los efectos de alguna sustancia —, de forma similar a como lo hacen nuestros chamanes después de consumir ayahuasca.
En tiempos antiguos era común examinar las vísceras de animales sacrificados para buscar señales de los dioses sobre lo que vendría. En el siglo XVI se popularizó en Europa la lectura del Tarot, cuyas cartas, dispuestas en ciertos patrones, pretenden revelar de manera intuitiva ideas sobre el futuro. Hoy hay quienes que leen el futuro en los pozos del café o desde las cenizas del tabaco, además de astrólogos y quiromantes que se dedican a lo mismo.
A mí, me intriga el I Ching, que combina filosofía, cosmología, psicología y adivinación. Interpreta las líneas de cada hexagrama a través de textos crípticos, paradójicos y poéticos, que sirven para la reflexión, la inspiración, la meditación y el manejo de la incertidumbre. No predice el futuro de forma determinista, sino que describe patrones de cambio, como un espejo que refleja el mundo exterior y el interior de quien lo consulta.
A Casandra y a Medea los dioses les dieron el poder de la profecía, pero al tiempo las castigaron con la incredulidad de los humanos.
Además de la adivinación, existe el apocalipsis, de acuerdo con el libro del Nuevo Testamento, escrito alrededor del año 95 d. c. con una estructura de siete cartas de advertencia, siete sellos, siete trompetas y siete copas de la ira divina, y termina con el juicio final, la derrota del mal y la victoria de Jesús. Se asocia con una catástrofe, pero su mensaje central es de esperanza para los creyentes en un estilo profético y simbólico. Apocalipsis significa revelación y no catástrofe.
El futuro es impredecible y eso incomoda, especialmente a quienes creen ilusoriamente que pueden controlar todo. Olvidamos eventos inesperados y de gran impacto, conocidos como “cisnes negros”. No estoy seguro de que estemos viviendo la época de mayor incertidumbre de la historia, pero sí una de las más amenazadas por cambios tecnológicos, geopolíticos, climáticos y culturales. Lo sensato es aceptar que la incertidumbre es lo real y verdadero. Aceptándola, podremos reducir la ansiedad sin dejar de atender lo que sí podemos controlar en el presente, aunque no garanticemos un resultado exacto en el futuro. Muchas innovaciones sabemos que surgen precisamente en tiempos de gran incertidumbre; por eso, también podemos verlos como épocas de oportunidad.
La certeza absoluta es peligrosa e ilusoria, dijo Voltaire. Por eso me generan compasión los comentarios de economistas, políticos y opinadores —algunos con conocimientos de teoría económica, otros con ignorancia total— que predicen un futuro catastrófico. En muchos casos, predomina el sesgo de confirmación y el odio político. Su tragedia es que, como le ocurrió a Casandra, sus predicciones suelen caer en el vacío.
Les deseo un Feliz Año 2026 convencido en que será un año de progreso para Colombia y los colombianos, pues al igual que en el Apocalipsis, el mensaje final es de esperanza.
*Jaime Calderón Herrera www.fundacionparticipar.com