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El Chimborazo: tierra de mujeres valientes defensoras de sus propios derechos del Magdalena

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Foto: El Espectador
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Resumen

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Entre 1997 y 2000, la zona rural de El Chimborazo, que abarca los predios de Cantallar, Los Nigrinis, Chimborazo y Los Ceibones en el corregimiento de TierraNueva, municipio de PuebloViejo, Magdalena, atravesó un oscuro periodo en la historia de Colombia. En esta región, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) impusieron un régimen de terror sobre las comunidades afrodescendientes y campesinas.

De acuerdo con Radio Nacional, en 1996, numerosas familias afro campesinas provenientes de los corregimientos de Orihueca, Guacamayal y Soplador, así como de algunas veredas del municipio de Zona Bananera, se establecieron en El Chimborazo con el objetivo de encontrar tierras productivas para desarrollar sus proyectos de vida. Estas familias comenzaron a desmontar terrenos y a cultivar para generar ingresos adicionales.

Foto: Radio Nacional

No obstante, entre 1998 y 2000, los paramilitares del bloque Norte de las AUC invadieron El Chimborazo, un corredor estratégico para el tráfico de drogas y el robo y comercialización de ganado en el Caribe colombiano. Este grupo sometió a las familias campesinas a múltiples formas de violencia con el fin de despojarlas de sus tierras, afectando especialmente a las mujeres.

Seis años después, en medio del dolor y las secuelas de años de violencia, muchas de las mujeres desplazadas decidieron regresar al corregimiento de Orihueca. Determinadas a luchar por sus derechos y la restitución de las tierras arrebatadas, bajo el liderazgo de Beatriz García Lechuga, crearon la Fundación de Desplazados y Personas Vulnerables (Fundepad) con el apoyo del Consejo Noruego para Refugiados.

Beatriz, junto con otras 112 familias, organizó y fundó Fundepad, desde donde comenzaron una lucha incansable por la justicia, la restitución de tierras y el reconocimiento de sus derechos. A través de la fundación, encontraron un espacio para alzar sus voces, compartir sus historias y exigir justicia.

Foto: El Espectador

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