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El oro de Troya: el tesoro de 4.500 años que Rusia, Alemania y Turquía se disputan desde hace décadas

El Tesoro de Príamo sigue en Moscú mientras Rusia, Alemania y Turquía disputan su propiedad por su origen, su traslado en guerra y su hallazgo en territorio turco.

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Un tesoro arqueológico de unos 4.500 años continúa en el centro de una disputa internacional que involucra a Rusia, Alemania y Turquía. Se trata del llamado Tesoro de Príamo, una extraordinaria colección de piezas de oro descubierta en el siglo XIX en el yacimiento de Hisarlik, considerado el emplazamiento de la antigua Troya.

La historia del tesoro está marcada por excavaciones controvertidas, traslados internacionales y el saqueo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial. Actualmente, las piezas permanecen en Moscú, mientras los tres países mantienen posiciones diferentes sobre quién tiene derecho a reclamar su propiedad.

El descubrimiento de la antigua Troya

El origen de la disputa se remonta a la década de 1870, cuando el empresario y arqueólogo alemán Heinrich Schliemann excavó el montículo de Hisarlik, en la actual Turquía, en busca de los restos de la ciudad que aparecía en las epopeyas atribuidas a Homero.

Schliemann encontró numerosas piezas de oro, entre ellas joyas, anillos, brazaletes, broches, hachas rituales y otros objetos. Convencido de haber encontrado el tesoro del rey Príamo, personaje de la Ilíada, bautizó la colección con ese nombre.

Sin embargo, investigaciones posteriores determinaron que Schliemann había excavado una capa correspondiente a una época anterior a la Troya asociada tradicionalmente con los relatos de Homero. Los objetos fueron fechados alrededor del 2450 a. C., aproximadamente mil años antes de la época en la que se sitúan los acontecimientos narrados en las epopeyas.

A pesar de las dudas sobre la identificación original, los trabajos realizados en Hisarlik contribuyeron a consolidar la idea de que Troya fue una ciudad real de la Edad de Bronce y no únicamente un escenario mitológico.

Turquía reclama el regreso del tesoro

Para Turquía, el argumento central es territorial. El Tesoro de Príamo fue encontrado en un territorio que actualmente forma parte del país y, según sus autoridades, Schliemann sacó las piezas del entonces Imperio otomano sin contar con la autorización necesaria.

Las autoridades otomanas incluso llevaron al arqueólogo ante los tribunales en Grecia. Schliemann terminó pagando una indemnización, pero Turquía sostiene que ese pago no significó que hubiera adquirido legalmente la propiedad del tesoro.

Zeynep Boz, responsable del Departamento para la Lucha contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales de Turquía, ha defendido la recuperación de las piezas y considera que su regreso permitiría reunirlas nuevamente con el contexto arqueológico en el que fueron encontradas.

El país incluso contempla que el tesoro pueda ser exhibido cerca del yacimiento de Troya, donde existe un museo inaugurado en 2018.

De Alemania a Moscú como botín de guerra

Después de sus excavaciones, Schliemann entregó el tesoro a Alemania en 1881. Durante décadas, las piezas permanecieron vinculadas a las colecciones alemanas.

Sin embargo, el destino del tesoro cambió durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Las piezas desaparecieron de un almacén instalado en un búnker de Berlín y durante años se creyó que habían sido destruidas.

En la década de 1990, Rusia reconoció que las tropas soviéticas habían trasladado el tesoro a Moscú como parte del botín de guerra obtenido tras la derrota de la Alemania nazi.

Las piezas terminaron en el Museo Estatal Pushkin de Bellas Artes, donde fueron exhibidas públicamente. Rusia sostiene que el traslado puede considerarse una compensación por los enormes daños y saqueos cometidos por la Alemania nazi durante la guerra.

Moscú, por tanto, no contempla actualmente devolver la colección.

Alemania también mantiene su reclamación

Alemania sostiene que el Tesoro de Príamo continúa siendo parte de su patrimonio y reclama su devolución. Sin embargo, las negociaciones con Rusia permanecen estancadas.

La situación se ha complicado todavía más por el deterioro de las relaciones entre ambos países desde el comienzo de la guerra de Rusia contra Ucrania.

Expertos en patrimonio cultural consideran que la posición rusa representa una vulneración de las normas internacionales, aunque también reconocen que existen pocas posibilidades de que Moscú entregue voluntariamente las piezas.

Así, Alemania enfrenta una situación particularmente compleja: reclama los objetos que considera de su propiedad, pero Turquía sostiene que el tesoro fue originalmente extraído de su territorio de manera irregular.

Una disputa sin solución a la vista

El caso reúne tres reclamaciones diferentes. Turquía argumenta que los objetos proceden de su territorio y que fueron sacados de manera irregular durante el periodo otomano. Alemania sostiene que recibió legalmente el tesoro de Schliemann y que este pertenecía a sus colecciones antes de desaparecer durante la guerra. Rusia, por su parte, considera que las piezas llegaron a Moscú como compensación por los crímenes y pérdidas provocados por la Alemania nazi.

Para los especialistas, esta combinación de reclamaciones históricas, jurídicas y políticas hace extremadamente difícil alcanzar un acuerdo.

Existen, sin embargo, precedentes de cooperación. En 2012, el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania entregó en préstamo indefinido a Turquía 24 piezas de joyería de oro que, tras ser analizadas, fueron consideradas probablemente procedentes de Troya o de sus alrededores.

Ese tipo de acuerdos ha alimentado la esperanza de que algún día pueda encontrarse una fórmula similar para el Tesoro de Príamo.

Por ahora, las piezas continúan en Moscú. Más de un siglo después de su descubrimiento, el legendario oro de Troya sigue atrapado entre las reclamaciones de tres países y las consecuencias de guerras, excavaciones y traslados que modificaron para siempre el destino de uno de los tesoros arqueológicos más famosos del mundo.