Empresas de cobranzas llevan a deudores a límites psicológicos

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Resumen

Las empresas de cobro, al adquirir deudas bancarias, multiplican los montos y hostigan a deudores, vulnerando su privacidad. Afectan emocionalmente a deudores y sus familias, mientras los mecanismos legales de defensa son insuficientes y lentos.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Editorial
Empresas de cobranzas llevan a deudores a límites psicológicos

Con la venta de su cartera a casas de cobro, los bancos han impulsado una nueva modalidad de ahorcar a sus deudores porque esos vampiros inmisericordes multiplican la deuda hasta diez veces y someten a las personas a una presión psicológica  invivible.

El fenómeno no es un fallo técnico ni una exageración aislada. Es una práctica de mercado que acentuó durante y después de la pandemia con consecuencias humanas desastrosas, desde la pérdida de tranquilidad hasta el extremo del suicidio en casos documentados.

La operación sigue un patrón uniforme. La entidad financiera cede la cartera y, con ella, datos personales sensibles. La empresa compradora aplica cargos, intereses y cobros ‘de ley’ que inflan el saldo original.

Empiezan a enviar correos electrónicos frecuentes, hacen llamadas amenazantes y mensajes que intentan forzar pagos inmediatos.

En numerosos episodios, los familiares reciben comunicaciones que vulneran la confidencialidad, con nombres, montos y datos sensibles expuestos sin autorización.

El daño es múltiple. En primer lugar, el deudor sufre un agravio económico. La obligación toma dimensiones inasumibles y la posibilidad de negociación se reduce. En segundo lugar, la dignidad personal queda expuesta: llamadas en horario nocturno, amenazas veladas y mensajes que buscan humillar.

En tercer lugar, el entorno familiar sufre intrusiones injustificadas que generan estigma social y estrés prolongado. La reserva de datos, pilar del respeto a la intimidad, queda desvirtuada por mecanismos comerciales que la vulneran.

El marco jurídico ofrece herramientas, pero existe un déficit en su aplicación. Legislación sobre protección de datos y normas de prácticas comerciales prohíben el uso indebido de información personal y las conductas intimidatorias.

La experiencia muestra que la restitución de derechos resulta muy lenta y costosa para la víctima. Procedimientos regulatorios y demandas civiles requieren tiempo. El daño psicológico, en cambio, aparece de inmediato.

Es imprescindible exigir responsabilidad. Las entidades deben responder por la cadena completa de tratamiento de la información desde el origen  hasta la cobranza.

Las empresas que adquieren carteras deben someterse a controles transparentes y a auditorías que verifiquen cargos y prácticas. Los supervisores financieros y las autoridades de protección de datos deben actuar con sanciones disuasorias y acciones rápidas de reparación.

Unas propuestas claras aceleran la solución. Crear una línea estatal de atención y denuncia es indispensable. Suspender cobros automáticamente durante la revisión de reclamaciones.

Así mismo, obligar a las empresas adquirentes a presentar contratos, comprobantes y desglose de cargos. Imponer multas proporcionales y exigibles. Reconocer indemnizaciones por daño moral. Garantizar apoyo psicológico a afectados. Ejecutar campañas públicas para informar derechos. Exigir conciliación obligatoria antes de acciones judiciales.

La protección de datos y la defensa de la vida humana deben pesar más que el cálculo de utilidades. La ley y la sociedad tienen una tarea urgente y es la de detener ese cruel aparato de cobros y ahogo y restituir la dignidad de quienes enfrentan deudas.

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