Entre el progreso y la deuda: pulso político desata el empréstito para modernizar a Bucaramanga

Entre el progreso y la deuda: pulso político desata el empréstito para modernizar a Bucaramanga

Resumen

El Alcalde de Bucaramanga, Cristian Portilla, propone un empréstito de 534 mil millones de pesos para modernizar la infraestructura vial y la red semafórica de la ciudad, enfrentándose a un escepticismo político en el Concejo sobre la viabilidad del plan.

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La radicación este viernes en horas de la mañana del Proyecto de Acuerdo 011 de 2026 en el Concejo de Bucaramanga abrió de manera oficial el debate técnico sobre cifras y obras y al tiempo encendió una discusión política de fondo sobre el rumbo de la ciudad: avanzar a golpe de inversión financiada a punta de inversiones o contener el gasto en un contexto económico incierto.

 

Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE

En el centro de ese pulso se encuentra la solicitud de empréstito (endeudamiento futuro) por más de 534 mil millones de pesos impulsada por la administración del alcalde Cristian Portilla, una apuesta que el gobierno local defiende como urgente y estructural, mientras sectores del cabildo la observan con cautela, recelo y preguntas aún sin resolver, dudas que esperan queden resueltas ahora que inicia la evaluación letra por letra del proyecto.

Fue el Alcalde de Bucaramanga, Cristian Portilla, quien junto a sus asesores más cercanos llegó hasta la Secretaría General del Concejo de Bucaramanga a radicar el documento y tras la constancia oficial conversó con EL FRENTE para emitir un mensaje cuidadosamente construido: “Bucaramanga no puede seguir postergando decisiones que debieron ejecutarse hace más de una década”, indicó Portilla quien calificó la solicitud de endeudamiento como una herramienta de planificación más que como un simple recurso financiero.

“La ciudad enfrenta un rezago evidente en infraestructura vial, especialmente en movilidad, donde el crecimiento del parque automotor ha desbordado la capacidad de unas vías que quedaron obsoletas. La imagen hoy es la de una ciudad atrapada en un cuello de botella permanente, donde cada nuevo vehículo profundiza el colapso de una malla vial que no crece al mismo ritmo”, indicó al mandatario bumangués.

Para entrar en detalle, Portilla Pérez expresó que el corazón de la propuesta está en dos proyectos que la administración presenta como estratégicos y no negociables. Por un lado, la construcción de la troncal Norte-Sur, particularmente en el tramo que conecta la carrera novena con la calle 45, el sector del Mutis y el mercado campesino.

“Se trata de una intervención que busca romper la dependencia histórica de corredores como la carrera 27 y la autopista 33, creando una alternativa nueva y real de conexión longitudinal en la ciudad. Describimos esta obra como un segundo pulmón vial, capaz de redistribuir el tráfico y aliviar puntos críticos donde hoy se concentran los mayores niveles de congestión”, argumentó el alcalde bumangués.

 

Semáforos anacrónicos

El otro componente es la modernización total de la red semafórica, un aspecto que, aunque menos vistoso que los grandes puentes o intercambiadores, ha sido elevado por el gobierno local a la categoría de urgencia estructural.

En este punto, Portilla insistió que Bucaramanga opera con una tecnología que, en algunos casos, supera las siete décadas de antigüedad, con sistemas vulnerables a fallas tan básicas como la lluvia. La promesa es migrar hacia una red inteligente que permita no solo mejorar la movilidad, sino también fortalecer la seguridad vial y la eficiencia del tránsito. En el discurso oficial, no se trata solo de cambiar luces, sino de modernizar la lógica completa de circulación en la ciudad.

Para sustentar la necesidad del empréstito, la administración ha recurrido a comparaciones con otras capitales del país. “El argumento es claro: las ciudades que hoy muestran avances significativos en infraestructura han recurrido al endeudamiento como mecanismo legítimo de financiación. Bogotá, Cali, Barranquilla y Cartagena aparecen como ejemplos de territorios que han asumido compromisos financieros incluso superiores, sin que ello haya significado un descalabro económico. En ese contexto, los poco más de 530 mil millones de pesos solicitados se presentan como una cifra moderada y racional, lejos de los niveles de endeudamiento de otras ciudades”, enfatizó el alcalde de Bucaramanga.

La defensa más fuerte de la Alcaldía para sustentar el empréstito se centra en la planeación. Portilla subrayó que las obras propuestas no responden a una improvisación ni a una iniciativa aislada de su gobierno, sino que hacen parte del Plan Maestro de Movilidad trazado entre 2010 y 2030.

EN otras palabras, el problema no es que se estén planteando nuevas obras, sino que las ya planificadas no se han ejecutado en la proporción esperada. El dato que más repite la administración es contundente: apenas entre un 30% y 35% de las obras previstas en ese plan han sido desarrolladas, pese a que el horizonte temporal está próximo a cumplirse. La conclusión implícita es que seguir aplazando decisiones solo profundizará el rezago.

 

Hay escepticismo en sectores del concejo

Pero en el otro extremo del debate, varios concejales han comenzado a delinear un bloque escéptico que no rechaza de plano la inversión, pero sí cuestiona las condiciones bajo las cuales se pretende financiar. Las dudas giran en torno a la capacidad real de endeudamiento del municipio, los impactos fiscales a mediano y largo plazo y la claridad de los estudios técnicos que respaldan las obras. Para estos sectores, el entusiasmo del Ejecutivo debe equilibrarse con un análisis más riguroso de los riesgos.

Uno de los puntos más sensibles es la proyección financiera. Aunque la Alcaldía asegura que el empréstito ha sido estructurado con base en estudios técnicos exhaustivos, algunos cabildantes advierten que el contexto económico nacional, marcado por variaciones en tasas de interés, inflación y transferencias, podría alterar los escenarios previstos. La preocupación no es menor: comprometer vigencias futuras implica hipotecar parte de la capacidad de inversión de administraciones venideras, un aspecto que suele generar tensiones políticas en cualquier ciudad.

A esto se suma el debate sobre la priorización de las obras. Mientras la administración insiste en que la movilidad es uno de los dos grandes problemas de Bucaramanga, junto con la seguridad, algunos concejales han planteado que existen otras necesidades igualmente urgentes en sectores como salud, educación o intervención social. En ese sentido, el empréstito no solo se discute como una herramienta financiera, sino como una declaración de prioridades sobre qué tipo de ciudad se quiere construir en los próximos años.

También emerge un componente político inevitable. El Concejo, como escenario de deliberación, no solo evalúa cifras, sino que mide costos y beneficios en términos de gobernabilidad y respaldo ciudadano. Aprobar un endeudamiento de esta magnitud implica asumir una rsponsabilidad compartida con el Ejecutivo, mientras que negarlo o modificarlo puede convertirse en una bandera de control político frente a la administración.

En medio de este pulso, la Alcaldía ha optado por una estrategia de apertura técnica, anunciando que en las próximas semanas su equipo económico y jurídico detallará los impactos del empréstito, no solo en términos de beneficios, sino también en lo que ha denominado “impactos no negativos” sobre las finanzas del municipio. La apuesta es convencer, más que imponer, en un escenario donde cada voto en el Concejo será determinante.

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