Frente común contra la estigmatización y el miedo: el llamado de la congresista santandereana Jenifer Pedraza para defender la democracia

Resumen

Jenifer Pedraza advirtió que la desinformación y la polarización debilitan la democracia, pero insistió en que aún es posible construir consensos.

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Frente común contra la estigmatización y el miedo: el llamado de la congresista santandereana Jenifer Pedraza para defender la democracia

 

Durante su participación en el foro organizado por la UNAB, la santandereana Jenifer Pedraza, una de las voces más serias y respetadas en el Salón Elíptico, si bien presentó un panorama lúgubre en términos democráticos prefirió no caer en el pesimismo y dejó una puerta abierta a la utopía del avance de la ciudadanía hacia la inteligencia política. Polarización, desinformación, abstencionismo y estigmatización fueron algunos de los conceptos que repasó ante un auditorio colmado de jóvenes universitarios a quienes les insistió en la idea de que “incluso en un país profundamente polarizado, es posible construir consensos”.

 

 

 

Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE

Aunque la congresista santandereana no pudo asistir presencialmente al foro “Cuidar la democracia”, organizado por la Universidad Autónoma de Bucaramanga, su voz atravesó la distancia con una certeza de cercanía, preocupación y una insistente invitación a la ciudadanía a no desconectarse del país en un ejercicio de apatía o indiferencia frente a los fenómenos sociales y en algunos momentos globales que indudablemente alteran la practica de la democracia no solo en Colombia sino en muchas partes del mundo.  

Para explicar su punto, la hoy senadora electa planteó una escena cotidiana pero al mismo tiempo inquietante: “Imagínense jóvenes concentrados en sus estudios, intentando construir un proyecto de vida, mientras el mundo exterior parece tambalearse con noticias cada vez más extremas, teniendo en cuenta que la constante en los últimos días es el agravamiento de los conflictos bélicos a altísima escala militar en distintas partes del mundo”, indicó a manera de preámbulo para iniciar de una sensación que asegura compartida en una especie de vértigo silencioso en el que alguien estudia para un parcial, pero al mismo tiempo se pregunta si el mundo que conoce seguirá siendo el mismo al día siguiente.

Y para Pedraza, esa incertidumbre no es exclusiva de Colombia. Es parte de un fenómeno global donde, según advirtió, se han normalizado discursos peligrosos: racismo, xenofobia y violencia política que, poco a poco, dejan de escandalizar y comienzan a parecer paisaje.

“Lo más delicado, en su lectura, no es solo la existencia de esos discursos, sino el tipo de liderazgos que emergen en ese contexto. Liderazgos que generan adhesiones casi religiosas, donde cuestionar se vuelve traición y pensar distinto se castiga con el rechazo”, indicó Pedraza.

 

La sobreinformación: cuando saber mucho también desorienta

Uno de los puntos más preocupantes de su intervención giró en torno a un fenómeno que atraviesa especialmente a los jóvenes: la saturación informativa. Pedraza no habló de desinformación como un concepto abstracto, sino con una anécdota sencilla y reveladora. Contó cómo una persona cercana le mostró convencida una imagen de una sirena, creyendo que era real. La imagen, claramente generada por inteligencia artificial, abría una pregunta inquietante: ¿tenemos hoy las herramientas para distinguir lo verdadero de lo falso?

“Ahí aparece uno de los grandes desafíos de la democracia contemporánea: no basta con tener acceso a la información. Hay que saber interpretarla”, indicó la parlamentaria santandereana quien enfatizó en que las “defensas” ciudadanas ya no son solo institucionales, sino también cognitivas. “En un mundo donde plataformas como TikTok se han convertido en motores de búsqueda informativa, el riesgo no es solo la mentira, sino la fragmentación de la verdad”, lamentó Pedraza para luego darle paso a uno de los puntos neurálgicos de su intervención, refiriéndose a lo que denominó como “la transformación del ecosistema informativo”.

En este punto, Pedraza reconoció que los medios tradicionales han perdido parte de su credibilidad, en algunos casos por errores propios, pero advirtió sobre un fenómeno igual de preocupante: “La sustitución de esos medios por figuras digitales sin responsabilidad editorial. La diferencia es estructural. Mientras un medio puede ser obligado a rectificar información falsa, un creador de contenido no siempre enfrenta ese tipo de contrapesos. Así, la democracia entra en un terreno resbaladizo: ciudadanos que confían más en quien les cae bien que en quien verifica la información”, indicó.

 

La desinformación es la puerta de la polarización

Y si bien la desinformación es una grieta, la polarización es, en palabras implícitas de Pedraza, una fractura abierta. La congresista describió “un país donde las personas ya no son individuos con ideas, sino etiquetas ambulantes: petrista, uribista, fajardista. Como si la complejidad humana pudiera reducirse a una sola palabra. Ese fenómeno, lejos de enriquecer el debate, lo empobrece. Porque cuando todo se reduce a bandos, desaparece la posibilidad de construir puntos intermedios. La política, entonces, deja de ser un espacio de deliberación y se convierte en una arena de confrontación permanente”, reflexionó la senadora electa.

Uno de los momentos más sensibles de su intervención fue cuando habló del futuro. O, más precisamente, de la falta de certezas sobre él. Pedraza puso sobre la mesa una realidad que resuena en muchas regiones del país: jóvenes preparados, con educación de calidad, pero sin oportunidades suficientes. El resultado es una idea cada vez más frecuente: irse.

Sin embargo, la representante lanzó una advertencia que rompe esa ilusión: los países a los que muchos migran también están experimentando el auge de discursos autoritarios. Es decir, el problema no se queda en Colombia.

Por eso, su llamado no fue a resignarse, sino a resistir. A entender que ese “pedacito de tierra” llamado Colombia sigue siendo el único espacio donde se puede incidir directamente en el futuro propio.

En el tramo final de su intervención, Pedraza dirigió su mirada hacia la política misma. Y lo hizo con autocrítica. Reconoció que uno de los mayores riesgos para la democracia es la forma en que se construyen los discursos políticos: convertir al contradictor en enemigo.

Cuando eso ocurre, explicó, el debate deja de ser sobre ideas y se convierte en una lucha de deslegitimación. El otro ya no es alguien con quien se puede dialogar, sino alguien que debe ser destruido simbólicamente. Ese lenguaje, amplificado por redes sociales y algoritmos, no solo divide, sino que erosiona la posibilidad misma de convivencia democrática.

 

Ciencia, educación y futuro: los nuevos puntos de encuentro

Pedraza también señaló caminos concretos para reconstruir ese terreno común. La educación, la ciencia y la tecnología emergen como espacios donde las diferencias ideológicas pueden ceder ante objetivos compartidos. En un mundo que mira hacia misiones espaciales como Artemis II, la pregunta ya no es solo política, sino civilizatoria: ¿qué lugar quiere ocupar Colombia en el futuro?

La respuesta, según su planteamiento, no puede depender de etiquetas ni de algoritmos, sino de una ciudadanía capaz de pensar, cuestionar y construir.

La intervención de Jenifer Pedraza dejó una sensación clara en el auditorio: la democracia no está en caída libre, pero tampoco está a salvo. Se parece más a un sistema en tensión, atravesado por nuevas amenazas que no siempre son visibles: la desinformación disfrazada de entretenimiento, la polarización convertida en identidad, y una ciudadanía que oscila entre la participación y el cansancio.

En ese escenario, su llamado a la juventud no fue romántico ni ingenuo. Fue, más bien, una advertencia con tono de invitación: La democracia no se cuida sola. Y si quienes deben sostenerla deciden soltarse, el vacío no tarda en llenarse de ruido, miedo y extremos.

En Bucaramanga, al menos por unos minutos, ese mensaje logró algo poco común en tiempos de scroll infinito: detener la inercia y obligar a pensar.

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