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Gritos en silencio: ni una menos

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Resumen

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Por: Diana Montes

La grandeza de un pueblo debería empezar por el reconocimiento del valor integral de la mujer; pero la historia de la humanidad nos demuestra que ha padecido la opresión del machismo dominante y nuestro país ha heredado ese comportamiento desafortunado, de ahí, se desprende la violencia de género, que hace muy poco, era considerada como un asunto que debía resolverse a puerta cerrada.

Qué desalentador es conocer una noticia como la muerte de Diana Serna, en el Valle del Cauca, a manos de su expareja y conocer registros estadísticos que nos muestra el Observatorio Feminicidios Colombia, la suma de 525 en el año 2023.

Estoy segura que la situación no se reduce a una simple cifras estadísticas, el tema es más delicado, ya que el miedo, la falta de garantías e interés en las denuncias, la carencia de lugares adecuados que permitan el respeto a la intimidad de las víctimas, así como la ausencia de un equipo humano especializado para atender este tipo de situaciones, y un sistema judicial ineficiente e ineficaz, son el pan de cada día. Así lo más dramático que ocurre cuando la mujer decide denunciar nos damos cuenta entonces, que hasta la justicia también es machista pues “no pasa nada”.

Por otra parte, existen situaciones de violencia introyectadas en la sociedad que no le ha permitido hacer eco en los estrados judiciales, porque muchas veces son motivo de burlas, y no se ha entendido que para llegar a un acto de feminicidio, se recorre por un ciclo profundo de actos de violencia y discriminación que se traducen en actitudes psicológicas hostiles, bromas hirientes, acusaciones falsas, comparaciones simbólicas, reclamos patrimoniales, acoso sexual callejero y conyugal, y otras causas que preceden al feminicidio.

Nos precisa entonces un mayor interés en desarrollar las rutas de atención efectivas que garanticen los canales de denuncia y restablecimiento de la confianza que debe partir de unas políticas educativas para que la mujer sienta respaldo y garantías por parte del Estado frente a la protección de su integridad, dignidad y libertad.

La mujer, es digna de todo el respeto, de toda la consideración por parte de la sociedad cómo pilar fundamental de vida entre nosotros.

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