Irse de una fiesta sin despedirse no es de maleducados

Resumen

Irse de una reunión sin despedirse no es descortesía. Según la psiquiatría, es una estrategia de protección emocional para evitar la saturación social, permitiendo una regulación más rápida del estado de alerta en personas con alta sensibilidad o ansiedad social.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Irse de una fiesta sin despedirse no es de maleducados

Según la psiquiatría.

La ciencia explica que esta conducta, lejos de ser descortés, responde a mecanismos de protección emocional y no a falta de interés social.

Irse de una reunión sin decir adiós a nadie es un comportamiento que muchos han experimentado o presenciado, y que suele interpretarse como falta de educación o desinterés. Sin embargo, desde la psiquiatría se ofrece una lectura muy distinta. Este acto rara vez responde a descortesía, sino que funciona como una estrategia de autorregulación emocional.

“Las reuniones sociales implican enfrentar múltiples estímulos de forma simultánea como por ejemplo, ruido, conversaciones cruzadas, demandas constantes de interacción y la necesidad permanente de leer señales sociales. Para algunas personas, este entorno activa un estado de alerta fisiológica sostenida que, cuando supera la capacidad de procesamiento del organismo, desencadena la búsqueda de una salida rápida y silenciosa”, señala Laura Villamil, médica especialista en psiquiatría y salud mental.

La despedida, aunque sea un gesto socialmente esperado, representa en realidad un momento de alta exigencia emocional. Implica contacto visual, dar explicaciones, validar al otro, manejar expectativas y, frecuentemente, justificar la propia retirada. En personas con ansiedad social, rasgos evitativos, alta sensibilidad o historias de apego inseguro, esta secuencia puede vivirse como abrumadora.

Detrás de esta conducta también operan factores aprendidos. Muchas personas crecieron en entornos donde expresar necesidades (como el deseo de retirarse) generaba conflicto, reproche o invalidación. En esos casos, el silencio se convirtió en una respuesta adaptativa, irse sin anunciarlo evita confrontaciones, juicios o la obligación de explicar los propios límites.

La especialista señala que el cuerpo recuerda estas experiencias y, ante situaciones similares, responde con el mismo patrón, incluso cuando el contexto actual no sea objetivamente amenazante.

Una respuesta del sistema nervioso

Desde el punto de vista neurobiológico, la saturación social puede activar el sistema nervioso simpático, aumentando la ansiedad y la necesidad de escape. Irse discretamente permite una desescalada más rápida del estado de alerta, favoreciendo la regulación emocional. “No se trata de falta de afecto hacia los demás, sino de una priorización del equilibrio interno cuando la interacción deja de sentirse segura o tolerable”, dice Villamil.

Comprender este comportamiento desde una perspectiva clínica ayuda a desmontar juicios morales simplistas. No todas las normas sociales se procesan de la misma manera por todos los sistemas nerviosos. Para algunas personas, despedirse es un gesto amable; para otras, es un momento de tensión que agota los recursos emocionales disponibles.

“Reconocer esta diversidad no implica justificar toda conducta, pero sí invita a interpretar el silencio no como rechazo, sino como una señal de límites internos que merecen ser leídos con mayor empatía”, concluye la médica psiquiatra.  https://www.laurapsiquiatra.com/

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