Iván Cepeda estaría proponiendo un “acuerdo nacional” para terminar gobernando con súperpoderes al estilo Hugo Chávez ¿Será verdad?
Resumen
La propuesta de “acuerdo nacional” de Iván Cepeda genera dudas por la posibilidad de que el Ejecutivo legisle por decreto y concentre más poder.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
La propuesta de “acuerdo nacional” del candidato Iván Cepeda empieza a generar más dudas que consensos. Aunque la presenta como una alternativa dialogada para evitar una Asamblea Constituyente, en la práctica abre la puerta a que el Presidente termine legislando por decreto, sin pasar por el Congreso.
El propio Cepeda lo dejó entrever en entrevistas recientes: si hay acuerdos, estos podrían implementarse mediante decretos con fuerza de ley. En otras palabras, el Ejecutivo asumiría funciones legislativas bajo el argumento de agilizar decisiones. Un atajo que, lejos de tranquilizar, enciende alertas.
La idea no es nueva en la región. Hugo Chávez utilizó mecanismos similares, las llamadas “leyes habilitantes”, para concentrar poder y transformar el sistema político venezolano sin mayores contrapesos. El paralelismo no pasa desapercibido, sobre todo cuando Cepeda ha expresado en el pasado afinidad con ese modelo.
El problema de fondo no es el discurso del diálogo, sino quién define las reglas. El candidato plantea una mesa con sectores sociales, económicos y políticos, pero no explica cómo se elegirían sus integrantes ni bajo qué criterios operarían. La ambigüedad deja en el aire un punto clave: el riesgo de que sea el propio gobierno el que arme el tablero y reparta las fichas.
Además, el “plan B” tampoco es menor. Si el acuerdo no prospera, queda latente la posibilidad de una Constituyente, impulsada con firmas recogidas en medio de la actual campaña. Dos caminos distintos, pero con un mismo destino: modificar la Constitución de 1991.
El argumento de que el Congreso es “engorroso” para tramitar reformas refuerza la preocupación. Saltarse ese filtro no es un detalle técnico, es tocar uno de los pilares del equilibrio de poderes. La rapidez, en este caso, podría salir cara.
Detrás del lenguaje de concertación, lo que asoma es una fórmula que podría concentrar decisiones en la Casa de Nariño. Y en un país con instituciones frágiles y memoria reciente de tensiones políticas, la idea de otorgar poderes extraordinarios al Ejecutivo no parece precisamente un gesto de tranquilidad democrática.