La alborada del mundo Jurásico: Sus huellas en el Cañón del Chicamocha
Resumen
El Cañón del Chicamocha expone retazos del mundo Jurásico, con rocas rosado-salmón que son evidencia de antiguas oleadas de magma y volcánicas. Estas rocas revelan el resquebrajamiento de Pangea y la formación de Sudamérica.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
La reconstrucción del pasado de nuestro planeta se confecciona integrando la información contenida en los remanentes de sus mundos fosilizados. Su estudio nos enseña que nuestro errante astro ha sido azotado por múltiples eventos épicos durante toda su historia. De ahí la importancia que suelen tener algunas regiones del planeta para las ciencias naturales en general, es decir, por la valiosa información que ofrecen sobre la evolución abiótica de nuestra casa común, y su conexión con la evolución de la vida y la cultura humana.
El cañón del Chicamocha ostenta ese gran valor científico mundial referido, por ser una ventana que nos permite ver hacia nuestro pasado remoto. Ese profundo arañazo en la corteza terrestre -producido por el juego acompasado de fallas, erosión y tiempo -, ha expuesto varios retazos de mundos antiguos extinguidos, los cuales, a su vez, sirven de cimiento a nuestro mundo presente. Entre los variados retazos de ese pasado, reconocemos las marcas fosilizadas del amanecer del mundo Jurásico (con una antigüedad entorno a unos 200 millones de años), las cuales revela que esta región fue azotada por antiguas oleadas de magma (material rocoso fundido) que ascendían desde profundidad, y ocasionalmente alcanzaban la superficie terrestre, formando volcanes muy explosivos.
Las rocas de color rosado-salmón que vemos durante nuestro paso por Pescadero, especialmente desde el puente homónimo que cruza el río Chicamocha (límite de los municipios Piedecuesta y Aratoca), son reminiscencias de esas antiguas oleadas de magma que terminaron cristalizando en profundidad, cuando su temperatura descendió por debajo de los 800 grados Celsius.
Esas rocas, por muy voluminosas que nos parezcan, son solo una pequeña pincelada del gran lienzo que muestra una realidad más amplia de la alborada del Jurásico, en donde se vislumbra su contexto más general, es decir, el resquebrajamiento de Pangea - ese último supercontinente documentado en la historia geológica de nuestro planeta -, el cual dio paso a la formación de masas continentales menores. Sudamérica emerge de ese proceso de resquebrajamiento, el cual hoy continúa aún activo.
La historia geológica de nuestro grandioso Cañón pone al descubierto un pasado con entornos naturales muy diferentes al actual, sustituidos progresivamente con el paso del tiempo, gracias a la dinámica de nuestro hogar planetario. Por eso, aunque los temblores, los volcanes y muchos otros eventos naturales, nos generan profundo desasosiego, no debemos olvidar que esos eventos han propiciado también la evolución de la vida en nuestro resplandeciente oasis del intrigante cosmos.
El Cañón del Chicamocha no solo es promisorio por su valor instructivo sobre nuestro pasado común, también lo es por su gran valor como catalizador de un futuro auspicioso para sus comunidades y el territorio en general. Su excepcionalidad, compartida entre los municipios de su área de influencia, ofrece la posibilidad de integración y construcción de un horizonte común. Los Geoparques Mundiales de la UNESCO son un referente ejemplarizante en este sentido.
*Luis Carlos Mantilla Figueroa. www.fundacionparticipar.com