La especial visita de Pablus Gallinazus…

La especial visita de Pablus Gallinazus…

Resumen

Pablus Gallinazus visitó el campo de Carlos Iván Mantilla para compartir conversaciones sobre poesía, vida, amistad y filosofía, en un encuentro marcado por la serenidad y la memoria literaria.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Carlos Mantilla

Escribe: Carlos Iván Mantilla Velásquez                                     

El pasado fin de semana tuve el honor de recibir la visita de mi amigo Pablus acompañado de su querida esposa, aquí en el campo, en mi sencilla y apacible estancia en medio del gorjeo de las aves y la melodía del agua: en el sonido del silencio “santuario del colibrí”, en una montañita cercana a San Francisco de Sales, el pintoresco pero pujante pueblecito que hace parte de la provincia del Gualivá.

Con la paz y tranquilidad que transmite la encantadora pareja - Pablus y Tita -, conjugamos el aire puro que se respira en esta apartada comarca. Conversamos de lo divino y humano sin afanes, con los puntos suspensivos que se requieren cuando evocamos el pasado que no es otro que el eterno e impávido presente que nos ve pasar.                                                                                    

En las horas que parecieron segundos, agotamos poesía rindiéndole homenaje a la bella vida, pensando en ella libres de ideologías y religiones. Destinamos la mayor parte del encuentro a filosofar de humanidades: sobre la libertad, la conciencia, la compasión, la paz, los amores, las ilusiones, la amistad; en fin, viajamos explorando los sentimientos el ser humano y de nosotros mismos. 

Los petros, uribes, maduros, putines, trumpines, netanyahús, ayatolás -líderes que en su mayoría andan fuera de sí y, que, son los artífices del barullo caótico que se vive en este mundo- fueron olvidados por completo de nuestras charlas: los desaparecimos durante tres días de la faz de la tierra.  

Rodeados de libros y de mis adorables perros -las más fieles   compañías- hablamos de los astros, de la hermosa luna del resplandeciente sol, del aire y el agua.  De las teorías científicas y de sus sabiondos autores (Lemaitre, Planck, Einstein, Penrose, Hawkins) de los Agujeros Negros, del Big Bang. De estos científicos y filósofos que, si bien tuvieron grandes aciertos, al final de sus vidas ya cansados y jorobados de lidiar con tan complejos pensamientos y fórmulas físicas, terminaron cediendo a regañadientes -antes de levar anclas- el crédito de la creación y los orígenes del universo a Dios omnipotente. Paradójico pero cierto.  

También hubo tiempo para ver las entrevistas y revisar algunas epístolas del genial Hugo Mantilla (q.e.p.d.), con quién a pesar de estar los dos -Pablus y Hugo- en orillas distintas, los unió la dialéctica y se profesaron enorme estimación.  Hicimos el eterno paralelo entre Borges y Neruda y hojeamos a Zweig. Pablus habló de sus apreciados amigos los nadaistas, en particular de los que ya se fueron, - quedan muy pocos en esta vida -, entre otros recordó, su memoria es íntegra, a Fernando González, el papá de todos, (q.e.p.d.); Gonzalo Arango, fundador y líder del movimiento, (q.e.p.d.); a Eduardo Escobar, tal vez el más brillante escritor y columnista de ese grupo, quien se despidió recientemente, (q.e.p.d.); Jaime Jaramillo (X - 504), (q.e.p.d.); Amílcar Osorio (q.e.p.d.); Elmo Valencia, (q.e.p.d.). Los que a raíz del elogio que le hizo Gonzalo Arango a Pablus por la novela, La Pequeña Hermana, con la que ganó el primer premio del concurso nadaísta, asumieron que el autor hacía   parte de ese movimiento provocador y vanguardista de la contra cultura literaria de los años sesenta.

De la causa que terminó al morir Gonzalo, pero que aún hoy; algunos quieren mantenerla viva con los vestigios de los obsoletos manifiestos de “El Profeta”. Pablus ha declarado una y otra vez, de manera simpática, que no hizo parte de ese rebaño de jóvenes subversivos que todo lo querían cambiar a punta de irreverencia y nihilismo.                                                                                              P. G. – ¡Lo mío ha sido y seguirá siendo la canción protesta! Lo dice con firme convicción. Y sigue: P.G.– Aunque les tengo inmenso afecto y consideración, prueba de ello es mi valiosa y perdurable amistad con Jota Mario; nunca me consideré un nadaista y hoy mucho menos.      

Amaneció, es lunes y salimos de la casa suspirando por la partida que ya se acerca. Vamos lentamente hacia el pueblo con la suave brisa que acaricia en busca del bus que los llevará a encontrarse con sus guitarras para seguir cantándole a la vida.

Con un café, una flor para mascar y un fuerte abrazo nos dijimos: hasta pronto hermano. Buen camino, Pablus.

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por Carlos Mantilla
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