La lista del Gobernador
Resumen
Tras las elecciones en Bucaramanga, un mensaje de felicitación del Gobernador Díaz al ganador Cristian Portilla generó controversia. En un entorno marcado por el oportunismo político, se evidenció la fragilidad de las lealtades en las campañas.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Después de las elecciones atípicas a la alcaldía de Bucaramanga, que dejaron como saldo el tener a un alcalde histriónico que aún sigue en su papel de actor con el puño arriba y el puño abajo, hubo un mensaje que llamó la atención no solo en las redes sociales, sino también, en los espacios políticos de la ciudad: la felicitación que le dio el Gobernador Juvenal Díaz al candidato elegido, a todos los que lo acompañaron en su campaña y a quienes por sus críticas a los rivales, hicieron posible que hoy Cristian Portilla pudiera estamparle a su chaqueta el ego que lo envuelve.
Dicho mensaje fue malinterpretado y por entereza institucional el mismo General decidió retirarlo. Lo curioso del asunto es que diversas voces de la sociedad consideraron que esas palabras no contenían ninguna mentira, mientras que, para algunos otros, había nombres que sobraban y otros que ni siquiera importaban. En últimas, una felicitación sincera a los actores políticos de la contienda.
Pero en esta buena intención se le quedaron muchos nombres por fuera, y muy especialmente el de un concejal de Bucaramanga que representa lo peor del oportunismo político de este país. En una conversación con él lo escuché decir que jamás traicionaría a los amigos, lo cual es muy fácil promulgar cuando no se tiene el más mínimo respeto por la amistad.
Su intención nunca fue ayudar a Portilla, porque sus supuestas diferencias con Jaime Andrés Beltrán le impedían estar en esa campaña, pero curiosamente, a pesar de su dignidad, asistió puntualmente a las reuniones que hacía el exalcalde en las oficinas de la torre empresarial de El Cacique para “cuadrar” las elecciones. Pero mientras hacía eso, se comprometía con la campaña de Carlos Bueno ofreciendo más de 600 capitanes inexistentes para el día electoral, confirmando que su vida no se trata de lealtades sino de conveniencias, porque al final del viaje, a las dos campañas las terminó robando.
A ese mismo personaje lo escuché comprometiéndose con el Coronel Blanco en su aspiración a la Cámara por Santander, pero días después le estaba jurando amor eterno a Mario José Carvajal sin contarle que se estaba sentando con Gustavo Moreno para negociar el apoyo a Erwin Jiménez. Y como si eso no fuera poco, ya está detrás de Christian Argüello para aplicarle la misma dosis. En este punto debo reconocer que, si bien es cierto que, a veces, la política es un mar de hipocresías, la traición es el instante en que ya no queda nada más que discutir, y lo más sabio que se puede hacer es apartarse para que el daño no sea más grande.
Ya muy bien lo decía el abuelo de Ernesto Samper Pizano: “los amigos son amigos, hasta el día en que dejan de ser amigos, y ese día uno entiende que nunca fueron amigos”.