La posesión de De la Espriella
La posesión de De la Espriella marcó una sucesión tranquila y el anuncio de convertir la Casa de Nariño en museo.
La posesión de De la Espriella marcó una sucesión tranquila y el anuncio de convertir la Casa de Nariño en museo.
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Terminó su periodo constitucional el presidente Gustavo Petro y, contra algunos pronósticos, desocupó la Casa de Nariño, edificación que fue la sede de la Presidencia de Colombia por varios años, la que había reemplazado el Palacio de San Carlos que a su vez sirvió de sede presidencial desde que Bolívar la adquirió de Juan Manuel Arrubla, en 1828, cuando un terremoto acabó con lo que quedaba de las construcciones coloniales en la plaza mayor de Santa Fe de Bogotá.
Según ha anunciado el nuevo presidente regresa el gobierno al Palacio de San Carlos, como sede alterna y la Casa de Nariño servirá para el establecimiento de un museo. Excelente decisión; un museo allá será espectacular para el disfrute de la gente y la atracción de los turistas, a la manera de lo que sucedió en Madrid con el Prado, o en Paris con el Obre. Un presidente en una república no requiere de tanto boato a costa de los contribuyentes.
Luego de tantos desastres que caracterizaron el gobierno de Petro se dio una sucesión tranquila del poder, sin violar la Constitución, sin constituyente para quedarse, sin aplazar elecciones por decreto de emergencia y todo lo demás que se dijo ante el miedo generalizado de que pudiera o no entregar el poder. Lo advirtió el mismo Petro en su despedida.
El nuevo presidente se posesionó como quería, en el sur del país, primero jurando en la Arena de la Universidad Santiago de Cali y luego, ya investido presidente, pronunciando su discurso en una guarnición militar, ya bajo su mando.
Mucha crítica recibió el toque religioso que se dio en el intercambio, hasta “camandulero” le han dicho al nuevo mandatario, además, dijeron que el acto religioso va contra el estado laico que proclama la Constitución, que desobedece la famosa sentencia con ponencia de Alejandro Martínez Caballero en la Corte Constitucional que nos obliga al agnosticismo a los colombianos.
Exageraciones, la realidad constitucional es que este es un país libre, todos podemos escoger nuestros credos libremente y profesar lo que deseamos, incluyendo por supuesto, al nuevo presidente.
En su campaña fue claro y franco de su religiosidad y así se le eligió; luego no pretendan ahora, que se vuelva comunista. Que el Estado sea laico, no quiere decir que todos nos tenemos que volver ateos; una cosa es convivir personas de todos los credos y sin credo; pero otra muy distinta es que, prevalidos del laicismo, se tengan que ocultar las creencias religiosas.
Arrancó un nuevo gobierno a quien le deseamos todos los éxitos por el bien de Colombia. Lamentablemente lo recibe un desastre de la naturaleza; un terremoto que se ensañó con el Chocó, el eje cafetero y otras regiones. Nuestra solidaridad con los compatriotas y con el nuevo Gobierno.
En su momento nos correspondió en la Presidencia, como secretario, el desastre del terremoto del año 99; son experiencias difíciles, que merecen el apoyo y la solidaridad de todos los colombianos.