La sostenibilidad como una nueva ventaja competitiva de Colombia
La sostenibilidad se consolida como ventaja competitiva de Colombia para atraer inversión y desarrollar sectores como energías renovables y bioeconomía.
La sostenibilidad se consolida como ventaja competitiva de Colombia para atraer inversión y desarrollar sectores como energías renovables y bioeconomía.
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Durante muchos años, hablar de sostenibilidad significaba hablar de una responsabilidad adicional para las empresas o de una agenda ambiental reservada a gobiernos y organizaciones multilaterales. Hoy la conversación es completamente distinta.
Por Carmen Caballero - Presidenta de ProColombia
La sostenibilidad se ha convertido en uno de los principales factores que determina hacia dónde fluye la inversión, cómo se organizan las cadenas globales de valor y cuáles países estarán mejor preparados para competir en la economía de las próximas décadas. Colombia entendió ese cambio a tiempo.
En un contexto internacional marcado por la transición energética, la descarbonización de la industria, la protección de la biodiversidad y una creciente exigencia por parte de consumidores e inversionistas, nuestro país comenzó a construir una propuesta de valor diferente: demostrar que la riqueza natural puede convertirse en desarrollo económico cuando existe una visión institucional capaz de transformarla en oportunidades de negocio. Esa ha sido una de las mayores transformaciones de estos cuatro años.
Desde ProColombia hemos visto cómo el interés de inversionistas internacionales evolucionó. Hace algunos años las preguntas se concentraban en costos, incentivos o acceso a mercados. Hoy, además de esos factores, las conversaciones giran alrededor de la disponibilidad de energías renovables, la trazabilidad de las cadenas productivas, la biodiversidad, el desarrollo de la bioeconomía, la economía circular y la capacidad de un país para ofrecer condiciones de crecimiento compatibles con los criterios ESG.
Colombia ha logrado responder a esas preguntas con hechos. Nuestro país fortaleció un marco institucional que hoy ofrece mayor certidumbre para las inversiones sostenibles. Consolidó políticas públicas alrededor del crecimiento verde, avanzó en instrumentos pioneros como la Taxonomía Verde, fortaleció incentivos para proyectos de energías renovables y consolidó una agenda de bioeconomía que reconoce el enorme potencial de nuestra biodiversidad como motor de innovación y desarrollo.
Al mismo tiempo, Colombia continuó elevando su ambición climática mediante la actualización de sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC), manteniendo una de las agendas climáticas más robustas de América Latina y consolidando compromisos de largo plazo en materia de reducción de emisiones, protección de bosques y ampliación de áreas protegidas.
Pero quizás el mayor activo que hoy ofrecemos al mundo no es únicamente normativo.
Es nuestra naturaleza.
Colombia alberga cerca del 10 % de la biodiversidad del planeta ocupando apenas el 0,7% de la superficie continental; es el país más biodiverso del mundo por kilómetro cuadrado y uno de los territorios con mayor disponibilidad de recursos hídricos. Esa riqueza, que durante décadas fue vista únicamente como un patrimonio ambiental, hoy representa una plataforma para desarrollar industrias de alto valor agregado en biotecnología, ingredientes naturales, agricultura sostenible, farmacéutica, cosmética, nuevos materiales y soluciones basadas en la naturaleza.
La transición energética constituye otro ejemplo de esa transformación.
Colombia cuenta con una de las matrices eléctricas más limpias del mundo y un enorme potencial para el desarrollo de energía solar, eólica, hidrógeno y combustibles sostenibles para la aviación (SAF), sectores que ya hacen parte de las conversaciones con inversionistas globales que buscan localizar nuevas operaciones en América Latina. La sostenibilidad dejó de ser únicamente una obligación ambiental para convertirse en una poderosa estrategia de competitividad.
Ese mismo enfoque permitió que Colombia fuera elegida como sede de la COP16 del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Más allá de la importancia diplomática del evento, la conferencia representó una oportunidad para mostrarle al mundo que la biodiversidad no es solamente un patrimonio que debemos conservar, sino también una fuente de innovación, desarrollo empresarial e inversión responsable.
Los resultados comienzan a reflejar ese posicionamiento.
Cada vez más empresas internacionales llegan al país para desarrollar proyectos relacionados con energías limpias, manufactura sostenible, agroindustria de alto valor agregado, servicios ambientales, infraestructura verde y tecnologías para la transición energética. Al mismo tiempo, empresas instaladas en Colombia continúan expandiendo sus operaciones incorporando estándares ambientales y sociales cada vez más exigentes, fortaleciendo el tejido productivo nacional.
Sin embargo, quizá la reflexión más importante no está en lo alcanzado sino en lo que viene.
Las grandes transformaciones económicas no ocurren en un solo periodo de gobierno. Requieren continuidad, visión de largo plazo y la capacidad de construir consensos nacionales que trasciendan los ciclos políticos.
La sostenibilidad debe convertirse precisamente en uno de esos consensos.
El próximo gobierno encontrará un país con una hoja de ruta clara en esta materia: una institucionalidad fortalecida, una estrategia de promoción internacional alineada con las nuevas demandas globales, instrumentos para atraer inversión sostenible, un posicionamiento internacional reforzado y una reputación construida alrededor de uno de nuestros mayores activos: la naturaleza.
Sobre esa base será posible acelerar el desarrollo de sectores estratégicos como la bioeconomía, las energías renovables, el hidrógeno, el combustible sostenible de aviación, la movilidad limpia, la economía circular y la manufactura sostenible, consolidando a Colombia como uno de los destinos más atractivos para la inversión responsable en América Latina.
Porque las agendas que transforman países no pertenecen a un gobierno.
Pertenecen al futuro.
Y si algo hemos aprendido durante estos años es que la sostenibilidad dejó de ser una aspiración. Hoy es una política de competitividad, una plataforma para atraer inversión y, sobre todo, una oportunidad para generar crecimiento económico con mayor bienestar, inclusión y resiliencia para todos los colombianos.