La voz solitaria de Lula da Silva en la Convención de la CELAC

Resumen

Lula da Silva destaca en la CELAC criticando a la ONU por su inacción ante ataques internacionales, aboga por una mayor representación de Latinoamérica y África en el Consejo de Seguridad, y llama a una estrategia común para defender sus intereses.

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La voz solitaria de Lula da Silva en la Convención de la CELAC

 

La defensa de la soberanía de las naciones no admite medias tintas ni discursos de cortesía. Cuando un presidente como Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, advierte en Bogotá que América Latina no puede aceptar intromisiones externas, la frase trasciende conformismos, golpea sumisiones y desnuda verdades incomodas.

La región sigue atrapada entre instituciones débiles, presiones geopolíticas y una representación internacional que no corresponde con su peso demográfico, económico y moral..

La voz solitaria de Lula da Silva en la convención de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, ante la arquitectura de poder global no suena a un arrebato aislado sino a síntoma de una crisis más profunda del multilateralismo.

El sentido  discurso del mandatario brasileño se enfocó en críticas duras y directas la Organización de las Naciones Unidas, ONU, por  su silencio cómplice ante los bestiales y demenciales ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, la guerra Rusia-Ucrania y la destemplada sobradez de Donal Trump que se solaza del poder armamentista norteamericano sobre los demás países del planeta.

El problema no se limita a la ONU ni al Consejo de Seguridad. El fondo de la discusión es la persistencia de un orden mundial que conserva privilegios heredados y castiga a quienes reclaman voz propia.

Lula recordó que Latinoamérica y África concentran una parte decisiva de la población mundial, pero siguen subrepresentadas en los espacios donde se toman decisiones de guerra, paz, sanciones y comercio. “No tiene sentido que Latinoamérica y África no tengan una representación adecuada en el Consejo de Seguridad de la ONU”, dijo el mandatario.

Esa desigualdad institucional no sólo ofende el principio de igualdad entre naciones. También reduce la capacidad de ambas regiones para defender intereses comunes frente a conflictos, bloqueos y presiones económicas que alteran en gran medida los precios, frenan el desarrollo y generan una infame dependencia.

La crítica adquiere mayor fuerza porque no llega desde la distancia, sino desde una cumbre que busca unir a la CELAC y a África en Bogotá. El encuentro, promovido como espacio de cooperación sur-sur, reúne a mandatarios, cancilleres y altos representantes con una agenda centrada en integración, desarrollo y transición climática.

Ese entorno obliga a pasar del discurso a los hechos. No basta con denunciar el colonialismo camuflado si la región continúa fragmentada, sin mecanismos sólidos de coordinación y sin una estrategia común para negociar con las potencias y no someterse a ellas.

La verdadera lección de Bogotá consiste en entender que la soberanía no se defiende sólo con banderas y discursos. Se defiende con instituciones firmes, alianzas duraderas y una voluntad política capaz de convertir la mente colonial en una agenda de poder propio.

Por eso, la respuesta correcta no radica en aplaudir un discurso  valiente, sino en exigir coherencia diplomática, respaldo y una voz regional que no cambie de tono según le convenga a Washington, Bruselas o a cualquier otra capital, porque sin esa regla, la soberanía queda reducida a utopía y la historia vuelve a repetirse.

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