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Los olores de la presencia

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Resumen

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Por: Jimmy Fortuna*

Para quienes deseen conocer qué se está escribiendo actualmente, la invitación es a sumergirse en el mundo literario de Andrés F. Castañeda Muñoz, joven escritor colombiano, quien publicó Flores para mis muertos, novela ganadora de la Beca «Bucaramanga cree en tu talento», con la Editorial Nueve Editores S. A. S.

Si no se tuviera acceso a la información del autor, se podría pensar que el creador de esta novela es un adulto mayor, debido a la madurez, impecable escritura y excelente narrativa, que, incluso, podría genera una conexión maravillosa y mágica con la nueva obra del maestro Haruki Murakami: La ciudad y sus muros inciertos, al centrarse en el mundo de los muertos.  En la historia del narrador japonés, el protagonista tiene la posibilidad de entablar un diálogo con el señor Koyasu, magistral personaje, que, aunque ha fallecido, sigue presente y activo como un fantasma, realizando la labor que solía emprender: dirigir una biblioteca en un remoto lugar.

En el caso de Castañeda Muñoz, su narración, ambientada en un pueblo del siglo XX, con clara influencia de la política y de la región, el narrador protagonista descubre, gracias al sentido del olfato, la presencia de seres que ya no hacen parte del plano terrenal.  Ahí es donde cobra sentido el título de Flores para mis muertos, al enfatizar en esa forma de vida, tradicional en el mundo que retrata el autor, de ir al cementerio como una manera de mantener en la mente y en la conciencia la imagen de un ser querido.

Por otro lado, esta novela es también un homenaje a la lectura y a la escritura, es decir, a la literatura, pues, el joven protagonista, como él mismo señala, «Cuando tuve edad para escribir, empecé a registrar sus relatos en las hojas que les arrancaba a los cuadernos de la escuela, comenzando con la fundación del pueblo y la historia de mi familia».  En uno de los siete capítulos, en los que está dividida esta obra, se hacen explícitas menciones a la producción literaria y al contexto político y social del amado, renombrado y afamado García Lorca, gracias a la presencia de Joaquín del Carpio, dedicado al oficio de librero, «por convicción».

Esta obra, en la que se puede evidenciar el tema del poder y la sociedad matriarcal, permite que el lector pueda conocer, de manera amplia y descriptiva, la vida de cada uno de los personajes que hacen parte del mundo de esta novela, en la que se reitera, de forma constante, que «Los muertos tienen un olor que dejan cuando vienen», donde, a veces, suele ser a «flores mojadas» y, en otros momentos, a «hojas secas» o a «romero».

Flores para mis muertos, de Andrés F. Castañeda Muñoz, ofrece una mirada humana y sensible de la vida en los pueblos, en la que la percepción del mundo es un retrato, en el que ser diferente es sinónimo de muerte, incomprensión y enajenación.

*Catedrático de la Universidad Industrial de Santander

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