María Fernanda Vargas lucha por sobrevivir tras accidente laboral
Resumen
María Fernanda Vargas Díaz, de 22 años, sufrió quemaduras severas trabajando en un hotel de Bucaramanga, debido a la falta de medidas de seguridad. No estaba afiliada a una ARL, lo que agrava la situación. Su caso resalta fallas en protección laboral y seguridad social.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Lo que empezó como una jornada laboral ordinaria terminó convirtiéndose en una tragedia que hoy sacude a Bucaramanga y reabre el debate sobre las condiciones de seguridad y protección social en el sector hotelero. María Fernanda Vargas Díaz, una joven de 22 años, permanece en estado crítico tras sufrir quemaduras de segundo y tercer grado mientras trabajaba como mesera en un hotel ubicado en el centro de la ciudad. Su caso no solo revela la gravedad de un accidente laboral, sino también una cadena de presuntas omisiones que hoy mantienen a su familia en una carrera contrarreloj por su vida y su dignidad.
El accidente ocurrió el pasado 30 de enero. De acuerdo con los relatos recopilados por la familia y testimonios conocidos posteriormente, el fuego apareció en dos momentos. Primero, María Fernanda sufrió quemaduras en las manos mientras cumplía sus funciones. Aun así, continuó trabajando. Minutos después, al intentar encender una cocina donde se calienta la comida —un procedimiento que se realizaba con alcohol etílico— se produjo una deflagración que la envolvió en llamas. En el lugar no había extintor y, en medio de la desesperación, algunas personas intentaron apagar el fuego con limonada ante la falta de equipos adecuados.
Las llamas alcanzaron su rostro, cuello, torso y extremidades. La joven fue trasladada de urgencia a un centro hospitalario y, debido a la complejidad de las lesiones, tuvo que ser intubada e ingresada a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario de Santander. Los médicos confirmaron que requerirá múltiples cirugías reconstructivas y un proceso de recuperación largo e incierto. Su pronóstico es reservado.
Un accidente laboral sin respaldo

Pero el drama no terminó en la sala de urgencias. Cuando la familia llegó al hospital, se encontraron con una situación que agravó aún más el panorama: María Fernanda no estaba afiliada a una Administradora de Riesgos Laborales (ARL) ni contaba con seguridad social activa, pese a llevar cerca de tres meses trabajando en el hotel. La atención inicial solo fue posible gracias a su ingreso al régimen subsidiado.
“Mi hija tuvo un accidente laboral. Ella estaba trabajando, no era una huésped”, relató Liliana Díaz. Según su testimonio, desde el hotel se habría intentado que la joven fuera registrada como huésped para que pudiera ser atendida a través de un seguro distinto al laboral, una versión que la familia rechazó de inmediato. “Lo único que quiero es que esté bien, que tenga las menores secuelas posibles y una buena recuperación”, dijo.
El impacto emocional ha sido profundo. Liliana recuerda el momento previo a uno de los procedimientos médicos más delicados, cuando tuvo que despedirse de su hija sin conocer con certeza el alcance total de las lesiones. “Solo le dije que confiara en Dios. Esa fue la última vez que la vi antes de que la llevaran a cirugía”, contó. Desde entonces, la incertidumbre se ha convertido en rutina.
A la angustia se suma la necesidad constante de apoyo médico. La familia ha hecho llamados públicos para la donación de sangre y plasma de cualquier tipo, indispensables para el tratamiento de la joven. Mientras tanto, amigos, vecinos y ciudadanos anónimos se han unido en cadenas de oración y solidaridad.
Exigencias de verdad y responsabilidades


Jennifer Pico, prima de la madre de María Fernanda, ha sido una de las voces más firmes en exigir claridad. “Desde la cabeza a los pies está quemada. No había extintor, no había con qué apagar el fuego. Ahora pedimos que el hotel diga la verdad, porque no han querido hablar”, señaló. La familia interpuso una acción de tutela con el objetivo de garantizar la atención integral y dejar constancia de lo ocurrido. “Primero queremos resolver la emergencia, pero de aquí en adelante lo que se viene es dar a conocer esta situación”, advirtió.
Por su parte, el hotel, a través de su abogado, aseguró estar dispuesto a asumir responsabilidades y colaborar con las investigaciones. No obstante, afirmó que no ha logrado establecer comunicación con la madre de la joven. La falta de una versión detallada y pública por parte del establecimiento ha alimentado los cuestionamientos y la presión social para que las autoridades intervengan.
El caso de María Fernanda ha puesto bajo la lupa el cumplimiento de las normas laborales en establecimientos de servicios, donde la informalidad y la ausencia de afiliaciones a seguridad social siguen siendo una realidad para muchos jóvenes. Expertos advierten que la afiliación a una ARL no es un trámite opcional, sino una obligación legal del empleador, especialmente en trabajos que implican riesgos físicos.
Mientras las investigaciones avanzan, María Fernanda continúa luchando por su vida en una cama de UCI. Tenía 22 años, sueños por cumplir y un empleo que asumió con responsabilidad sin imaginar que terminaría en una tragedia. Su historia se ha convertido en un símbolo incómodo de las fallas estructurales que persisten en el mundo laboral y de la fragilidad de quienes, día a día, trabajan sin las garantías mínimas.
Hoy, entre máquinas, cirugías y oraciones, su familia espera respuestas. Espera verdad. Y, sobre todo, espera que el fuego que marcó a María Fernanda sirva para iluminar una realidad que no puede seguir siendo apagada con silencios.
