Me Too Colombia
Resumen
Me Too visibiliza que el acoso sexual no es un caso aislado, sino una realidad cotidiana ligada al poder y la impunidad.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)El movimiento Me Too es una campaña de concientización contra el abuso y el acoso sexual, así como contra la cultura de la violación. Aunque nació antes, se volvió masivo en 2017, cuando empezó a usarse para hacer públicas experiencias que durante años habían permanecido en silencio, especialmente en entornos laborales. En octubre de ese año, más de 80 mujeres denunciaron al productor Harvey Weinstein por aprovechar su poder e influencia para abusar de ellas. A partir de ahí, entre 2017 y 2019, más de 400 figuras públicas fueron acusadas de conductas sexuales inapropiadas, y más de 100 perdieron su trabajo o renunciaron.
Pero la realidad es que esto solo es sobre famosos. Me too significa “yo también”. Y tantas mujeres se sintieron identificadas porque el acoso sexual no es algo excepcional, es algo cotidiano. A mí me da miedo caminar por la calle porque me acosan. Me da miedo usar falda porque no sé qué puede pasar. Me da miedo incluso la forma en la que me dirijo a alguien, porque todo puede ser malinterpretado. Ser mujer en un mundo donde la cultura del acoso no siempre es juzgada ni mal vista es vivir con una alerta constante. Esa es precisamente la fuerza del movimiento, mostrar que no son casos aislados, que no es “mala suerte”, que hay patrones. Que todas, en mayor o menor medida, hemos pasado por algo. Y sí, hay algo profundamente indignante en eso: no solo es incómodo, no solo es invasivo, es asqueroso.
Yo, además, hablo desde una posición privilegiada. Sé que, si algo me pasara, probablemente tendría una red de apoyo. Pero hay muchas mujeres que no. Mujeres que dependen de su trabajo, que no pueden denunciar, que saben que hablar puede costarles todo. Por eso tantas historias se quedaron calladas durante años. La semana pasada salieron a la luz varios episodios de acoso sexual en Caracol Televisión, protagonizados por personas con cargos altos dentro del canal por más de 20 años. Y como suele pasar, no fue un caso aislado, empezaron a aparecer más denuncias, más nombres, más historias. Y uno no puede evitar preguntarse: ¿qué les pasa por la cabeza para hacer eso?
Esto no es solo un delito. No es simplemente “no se controlaron”. No es un impulso inevitable. Hay estudios en psicología social que explican que muchas de estas conductas no tienen que ver realmente con el deseo, sino con el poder. Con la sensación de que pueden hacerlo y no va a pasar nada. Con la idea —a veces consciente, muchas veces no— de que la otra persona está en una posición inferior. A eso se le llama objetificación: dejar de ver a alguien como sujeto y reducirlo a un objeto. Es una forma de ver el mundo donde las mujeres valen menos en determinados contextos. Donde su incomodidad no importa. Donde su consentimiento es secundario. Y entonces la pregunta no es solo por qué lo hacen. La pregunta es por qué durante tanto tiempo pudieron hacerlo sin consecuencias.
Ojalá esto no se quede en un escándalo más. Ojalá sigan saliendo denuncias, porque esto no es un “malentendido”, no es un “error”, no es algo menor: es un delito. Y es indignante. Indigna ver la cantidad de hombres que acosan, que lo normalizan, que lo esconden, que creen que nunca va a salir a la luz. Indigna porque no son pocos, porque no son casos aislados, porque están en todas partes. Esto no es solo por las que hoy están denunciando. Es por todas. Porque ya no queremos tener miedo. Porque ya no estamos dispuestas a seguir aguantando. Porque, por fin, estamos hablando.