Mujeres que Escribieron
Resumen
La última película de 'Cumbres Borrascosas' reaviva la admiración por las Brontë, quienes, a pesar de las restricciones de su época, dejaron un legado literario con temas de deseo y dignidad, usando seudónimos masculinos.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Hace un par de semanas salió en cines la última película de Cumbres Borrascosas, adaptación del libro escrito por Emily Brontë, y yo tengo una gran admiración por las hermanas Brontë, después de tantos años, sus libros siguen siendo clásicos de la literatura. Emily, Charlotte y Anne crecieron en el campo, en Inglaterra, durante la Revolución Industrial y en plena época victoriana; fueron hijas de un clérigo. Hacia 1840, las mujeres todavía no podían escribir públicamente con libertad, por eso las tres publicaron bajo seudónimos masculinos. Y aun así, las tres dejaron obras que hoy siguen vigentes.
Por su parte, Charlotte publica Jane Eyre, la historia de una institutriz que se enamora de su empleador, pero sobre todo un retrato de la independencia en una época en la que las mujeres ni siquiera podían aspirar a ella. Emily escribió Cumbres Borrascosas, la historia de Catherine y Heathcliff, donde el tema principal no es el romance sino la venganza y esa clase de amor que se parece demasiado a la destrucción. Y Anne publica Agnes Grey, una novela sobre desigualdad social y sobre los abusos que viven las institutrices dentro de las casas aristocráticas.
Es fascinante que estas mujeres publicaran en una época en la que el destino “correcto” era casarse bien. No se formaron para escribir, ni siquiera podían entrar a bibliotecas, y aun así sus libros terminaron en el estante de los clásicos. Escribieron sobre deseo, dignidad y amor, temas que en ese contexto eran incómodos: el matrimonio debía ser conveniencia y las mujeres, paciencia. Hoy que lo tenemos todo, se nos olvida el contexto de estas mujeres.
Esto se conecta mucho con la idea de Virginia Woolf: cuando estas mujeres empiezan a escribir, no tenían “una habitación propia”. No tenían derecho a un lugar en silencio para dedicarse a escribir, porque su vida debía girar alrededor de atender a otros, especialmente a un esposo. Pero esa pasividad femenina se extendía a cosas que hoy damos por normales —y aquí quiero subrayar el amor— el amor, como lo entendemos hoy, no existía de la misma forma, y hablar de él con esa libertad era escandaloso. Regresando a Una habitación propia, estas mujeres no pudieron ver el mundo, estudiar con catedráticos ni acceder a literatura más allá de lo que hubiera en casa; y, con el mundo en contra, escribieron, publicaron y hoy hacen parte de la historia de la literatura.
Las personas que amamos la literatura romántica se preguntarán: ¿y dónde estaba Jane Austen? Sorprendentemente, antes de la época victoriana escribió sus grandes libros y los firmó literalmente como “por una mujer”, sin poner su nombre. Las Brontë, a diferencia de Jane, por varios motivos fueron más críticas del sistema y le dieron otra profundidad a sus historias. Lo de Austen es admirable porque abrió el camino, le dio paso a una generación de escritoras cuyos libros, hasta hoy, siguen siendo relevantes.
Les recomiendo ver la película “Cumbres Borrascosas”. Es una adaptación del relato de Emily, mucho más romántica y menos vengativa, pero considero que la historia, la estética y la producción valen mucho la pena. La realidad es que, más allá de las diferencias, vale verla porque no solo es una historia de amor trágico, sino el eco de una mujer que en pleno siglo XIX, se atrevió a escribir sobre deseo, orgullo y destrucción con una libertad que aún hoy resulta sorprendente.
Queda una semana para las elecciones de Congreso. El futuro del país me tiene tan agobiada que, en realidad, no quiero hablar del tema. Solo les digo: salgan a votar y evalúen bien si este gobierno ha cumplido con sus expectativas.