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¡Ni los héroes luchan solos! Hombres registran más suicidios, pero mujeres presentan más conductas suicidas

En Colombia, el suicidio aumentó en mujeres, adolescentes y adultos mayores, mientras el estigma sigue siendo la principal barrera para pedir ayuda.

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Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha promovida por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y respaldada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que busca reducir el estigma y promover una cultura de apoyo oportuno frente a una problemática que continúa representando un importante desafío de salud pública.

Según datos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, durante 2025 murieron 2.823 personas en Colombia por suicidio. De ellas, 2.209 fueron hombres y 614 mujeres. Aunque los hombres concentraron el mayor número de muertes, especialistas advierten que las mujeres presentan con mayor frecuencia conductas suicidas.

El panorama también mostró cambios entre 2024 y 2025. De acuerdo con el médico psiquiatra Diego Vargas, presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, se registró una leve disminución de los suicidios en hombres, mientras que el número aumentó entre las mujeres.

La situación también generó preocupación en grupos de edad específicos. Aunque las personas entre 18 y 44 años continúan representando un grupo de especial atención, entre 2024 y 2025 los suicidios aumentaron 15 % entre adolescentes de 12 a 17 años y cerca de 39 % entre adultos mayores de 75 años.

El estigma sigue siendo una barrera

A nivel mundial, cerca de 800.000 personas mueren cada año por suicidio, de acuerdo con las cifras citadas por la Asociación Colombiana de Psiquiatría. Detrás de estas estadísticas existen factores individuales, familiares y sociales que pueden dificultar que una persona en crisis encuentre ayuda.

Para Diego Vargas, uno de los principales obstáculos continúa siendo el estigma relacionado con la salud mental. El temor a ser juzgado, señalado o considerado “loco” o “enfermo” puede llevar a que muchas personas eviten consultar a un psicólogo o psiquiatra.

“En pleno 2026, el estigma sigue siendo la principal barrera de acceso”, señaló el especialista, quien explicó que, ante una situación de este tipo, siete de cada diez personas que necesitarían solicitar ayuda podrían abstenerse de hacerlo debido precisamente al estigma.

Por esta razón, hablar abiertamente sobre salud mental se convierte en una herramienta fundamental. La familia, los amigos, las instituciones educativas y los espacios laborales pueden desempeñar un papel determinante para detectar situaciones de riesgo y facilitar el acceso a profesionales.

Martín Javier Martínez, CEO de Aspen Clúster Andino, destacó la necesidad de mantener esta conversación más allá de las fechas conmemorativas y fortalecer los entornos en los que las personas puedan expresar lo que están atravesando sin temor a ser juzgadas.

La importancia de reconocer las señales

La doctora Claudia Zapata Ángel, médica psiquiatra y especialista en Terapia Cognitiva, advierte que la prevención también pasa por aprender a identificar cambios de comportamiento que puedan indicar que una persona está atravesando una situación de sufrimiento emocional.

Entre las señales de alerta se encuentran alteraciones repentinas en el sueño o el apetito, abandono del cuidado personal, pérdida de interés por actividades que anteriormente disfrutaba, aislamiento social, irritabilidad que aparece de manera inesperada y aumento en el consumo de alcohol u otras sustancias.

También existen manifestaciones verbales y conductuales que requieren especial atención, como expresar que se es una carga para los demás, despedirse sin una razón aparente, regalar objetos de valor o aislarse progresivamente.

La especialista también llamó la atención sobre una aparente mejoría que puede producirse después de un periodo de profunda depresión. Una calma repentina no necesariamente significa que la situación haya sido superada y, en determinados casos, puede constituir una señal de alerta.

Ante estas circunstancias, preguntar directamente a una persona si ha pensado en quitarse la vida no provoca ni siembra esa idea. Por el contrario, puede abrir un espacio para que exprese lo que siente y encuentre ayuda.

Diego Vargas insistió en que dejar avanzar los síntomas puede llevar a que una persona perciba que terminar con su vida es la única alternativa frente a la situación que enfrenta. Por ello, recomendó consultar, pedir ayuda y hablar abiertamente sobre el sufrimiento emocional.

Amazonas, Guainía y el Eje Cafetero, entre las zonas con mayores tasas

La distribución del suicidio tampoco es uniforme en el territorio colombiano. De acuerdo con Claudia Zapata Ángel, Amazonas, Guainía y los departamentos que integran el Eje Cafetero —Risaralda, Caldas y Quindío— presentan algunas de las tasas de mortalidad por suicidio más altas del país, por encima del promedio nacional.

Para la especialista, analizar estas diferencias territoriales también permite observar las condiciones sociales y las redes de apoyo disponibles para las comunidades.

En este contexto, el acompañamiento cercano puede convertirse en un factor protector. Contar con familiares, amigos o profesionales dispuestos a escuchar permite reducir el aislamiento y facilita que una persona pueda acceder a atención cuando atraviesa una crisis.

Pedir ayuda también es un acto de valentía

Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio y durante el denominado Septiembre Amarillo, Aspen lanzó la campaña “Ni los héroes luchan solos”, orientada a promover conversaciones sobre salud mental, reducir el estigma asociado con la depresión y destacar el papel de las redes de apoyo.

El mensaje central de la iniciativa apunta a cambiar la percepción de que pedir ayuda representa una señal de debilidad. Por el contrario, reconocer que algo no está bien, expresar lo que se siente y aceptar acompañamiento requiere la capacidad de identificar una dificultad y tomar medidas para enfrentarla.

“Pedir ayuda está relacionado precisamente con la capacidad y la oportunidad que llega a tener una persona para reconocer que, en determinado momento, no se siente bien; que necesita ser escuchada, que necesita ser guiada”, explicó Diego Vargas.

El especialista también resaltó que quienes reciben una solicitud de ayuda tienen una responsabilidad importante: escuchar de manera activa, respetuosa y sin emitir juicios, para convertir la conversación en un espacio seguro.

Claudia Zapata Ángel destacó, además, que las redes de apoyo constituyen uno de los principales factores protectores frente al riesgo suicida. Sentirse acompañado, explicó, puede contribuir a disminuir el riesgo de ideación, intento y muerte por suicidio.

La prevención, por tanto, no depende únicamente de los profesionales de la salud. También requiere comunidades capaces de escuchar, reconocer señales de alerta y acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles.

El llamado durante este Septiembre Amarillo es mantener abierta la conversación: “Está bien no estar bien”, “hablar y escuchar puede salvar una vida” y “no hay salud sin salud mental”.