¿No que muy devoto? De la Espriella genera polémica por mostrarse parrandeando en plena Semana Santa
Resumen
De la Espriella generó polémica por publicar un baile con su esposa en Jueves Santo, lo que muchos vieron como una contradicción con su discurso religioso.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
En plena semana de recogimiento para millones de colombianos, el candidato presidencial Abelardo de la Espriella decidió que la mejor forma de conmemorar el Jueves Santo no era precisamente la reflexión, sino un baile íntimo difundido en redes sociales. Sí, el mismo aspirante que recientemente ha buscado proyectar una imagen de fervor religioso terminó protagonizando una escena que desató indignación y desconcierto.
El video, publicado en TikTok, muestra al candidato junto a su esposa, Ana Lucía Pineda, en una coreografía cercana, acompañada de un mensaje que exalta su relación personal. Hasta ahí, podría tratarse de una escena cotidiana. El problema, según buena parte de la opinión pública, es el contexto: Jueves Santo, una de las fechas más solemnes del calendario cristiano.
La contradicción no pasó desapercibida. En redes sociales, las críticas apuntaron directamente a lo que muchos consideran una incoherencia entre el discurso reciente del candidato, marcado por guiños a la religiosidad, y su comportamiento público.
“Respete”, “acaba de perder mi voto” y “la Semana Santa no es para eso” fueron algunas de las reacciones más visibles en plataformas como X.
Y es que el episodio reabre una discusión incómoda para la campaña: ¿convicción genuina o estrategia política? La apelación a valores religiosos ha sido una herramienta recurrente en la política colombiana, pero también una de las más sensibles cuando se percibe oportunismo.
Mientras algunos simpatizantes defendieron la espontaneidad del aspirante e incluso celebraron su cercanía con la gente, otros cuestionaron la exposición de su vida privada en un momento que, para amplios sectores del país, tiene un profundo significado espiritual.
Más allá del video, el incidente deja un saldo político claro: en tiempos de campaña, cada gesto cuenta, y más aún cuando se intenta construir una narrativa basada en la fe. Porque en política, como en la religión, la credibilidad no se predica… se practica.