¿Para dónde va Abelardo de la Espriella con tanto insulto y agresiones a los periodistas?
Resumen
Abelardo de la Espriella enfrenta críticas por insultar a periodistas y responder con expresiones machistas, lo que reavivó el debate sobre su estilo agresivo y su idoneidad presidencial.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Las salidas en falso del candidato presidencial Abelardo de la Espriella desataron una tormenta política y reavivaron las críticas sobre el tono arrogante, vulgar y profundamente machista que ha marcado buena parte de su trayectoria pública.
Lo que para el penalista barranquillero pretende pasar como “humor” o “franqueza caribe”, para amplios sectores del país no es otra cosa que una demostración de soberbia y desprecio hacia las mujeres, especialmente cuando ejercen su labor periodística y se atreven a cuestionarlo.
La primera controversia estalló durante una entrevista en el programa radial Piso 8. Allí, De la Espriella aseguró que había conquistado un amplio respaldo femenino gracias al tamaño de sus genitales, en una afirmación que provocó estupor incluso entre sectores que simpatizan con sus posturas políticas.
Como si la frase no fuera suficiente, pidió a una reportera que hiciera zoom sobre una fotografía en la que, según él, ese atributo físico resultaba evidente. La escena fue interpretada como una expresión de vulgaridad impropia de quien aspira a ocupar la Casa de Nariño y representar a toda la nación.
La segunda polémica se produjo en una entrevista con Noticias Caracol, cuando la periodista María Lucía Fernández le preguntó por una antigua frase suya sobre la relación entre la ética y el derecho. En lugar de responder con argumentos, el candidato reaccionó con desdén y la calificó de “ignorante”, en un episodio que muchos interpretaron como una muestra de intolerancia frente a cualquier cuestionamiento y como un ataque directo a la libertad de prensa.
Las reacciones no se hicieron esperar. La senadora y candidata presidencial Paloma Valencia fue enfática al señalar que las periodistas no tienen por qué soportar bromas sexuales ni ataques personales por hacer su trabajo. A su juicio, quien incurre en ese tipo de conductas debería reconocer el error y ofrecer disculpas públicas.
En el mismo sentido, Juan Daniel Oviedo lanzó una de las críticas más contundentes: “Decir que ganó el voto femenino ‘por lo grande que lo tiene’ habla únicamente de su pequeñez”. La frase sintetizó el sentimiento de muchos observadores que consideran que el discurso del candidato refleja una visión reduccionista y ofensiva de las mujeres, tratadas como simples receptoras de fanfarronadas sexuales.
También se pronunció el senador Iván Cepeda, quien expresó su solidaridad con las mujeres periodistas y rechazó cualquier forma de violencia verbal o simbólica contra ellas. Por su parte, Sergio Fajardo formuló una pregunta que rápidamente se volvió viral: “¿Puede un machista y misógino ser Presidente de Colombia? Sí, puede, lamentablemente. ¿Nos conviene? Absolutamente no”.
La fórmula vicepresidencial de Fajardo, Edna Bonilla, calificó de intolerable la grosería y agresividad del aspirante frente a una pregunta legítima. Sus palabras reforzaron la idea de que, más que un episodio aislado, lo ocurrido refleja un patrón de comportamiento caracterizado por el egocentrismo y la incapacidad de aceptar críticas.
Lejos de ofrecer disculpas, De la Espriella respondió a través de X con un mensaje en el que se presentó como el principal defensor de las mujeres en Colombia. Citó como prueba su participación en la promoción de la Ley Natalia Ponce de León y la Ley Rosa Elvira Cely. Sin embargo, sus críticos sostienen que ningún logro legislativo puede servir como escudo para justificar comentarios sexistas ni descalificaciones públicas contra periodistas.
En su respuesta, el candidato también arremetió contra otros aspirantes presidenciales, a quienes acusó de crear “cortinas de humo” para ocultar su debilidad en las encuestas. Reiteró que las mujeres colombianas “no están solas” y afirmó que él sí sabe defenderlas. Para muchos analistas, la contradicción es evidente: mientras proclama su compromiso con los derechos femeninos, incurre en expresiones y actitudes que refuerzan justamente los estereotipos y formas de violencia que dice combatir.
La controversia ha puesto sobre la mesa un debate de fondo sobre el tipo de liderazgo que necesita el país. Más allá de las encuestas y de la retórica encendida, numerosos sectores consideran que quien aspira a gobernar a más de cincuenta millones de colombianos no puede convertir la vulgaridad en estrategia política ni el insulto en método de defensa. En el caso de Abelardo de la Espriella, las críticas apuntan a que detrás de su imagen de hombre fuerte emerge un estilo autoritario, narcisista y abiertamente machista que, para muchos, lo descalifica moralmente para ocupar la Presidencia de la República.