Peligroso movimiento ‘Therian’ es el inicio de la idiotización del ser humano
Resumen
El movimiento 'therian' representa una crisis cultural donde la autoidentificación como animales desplaza el debate y la acción social. En lugar de usar la tecnología para el progreso, la generación actual se sumerge en una distracción que diluye su impacto transformador.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Mucho se ha hablado en los últimos días sobre la nueva y nociva ‘moda’ que a alguien se le ocurrió llamar Therian, que no es otra cosa que la idiotización y dominio del ser humano a través de la tecnología.
La generación que nació con el mundo en la palma de la mano decidió gatear. No por juego infantil, sino por convicción identitaria amplificada por las nocivas imágenes y los mensajes vertidos en las pantallas.
El auge del movimiento ‘therian’, que promueve la autoidentificación como animales, exhibe una crisis cultural más profunda que un simple fenómeno juvenil. Revela una renuncia colectiva a disputar el poder real mientras se celebra la caricatura.
Nunca tantos jóvenes tuvieron la oportunidad de acceder de inmediato y de forma completa a conocimiento científico, debate político y herramientas tecnológicas capaces de transformar su entorno.
Se les brindó el mundo en las manos para organizarse, exigir vivienda digna, educación de calidad, salud o empleo estable. Sin embargo, una parte visible de esta generación invierte energía en disfraces, colas de felpa y transmisiones en redes donde se normaliza la representación animal como identidad superior a la condición humana.
El problema no radica en la excentricidad individual, sino en el contexto que la aplaude. Padres que graban orgullosos a sus hijos que gatean frente a la cámara no documentan creatividad, producen contenido.
La intimidad de todos los hogares se convirtió en mercancía y la crianza en estrategia digital. El aplauso virtual sustituyó la formación crítica. La validación se mide en “likes”, no en argumentos.
Mientras tanto, el debate público se vacía. La protesta se transforma en espectáculo y la inconformidad se disuelve en tendencias. Resulta más visible un adolescente con máscara de perro que un colectivo que exija reformas estructurales y justicia social.
El sistema implantado desde la red Web no necesita censurar, le basta con entretener e idiotizar. La distracción permanente reduce la capacidad de análisis y fragmenta cualquier intento de discernimiento sólido.
En lugar de cuestionar un modelo que condena a millones a pagar arriendo de por vida, que precariza el trabajo y limita el acceso a servicios básicos, se instala la narrativa del “yo soy un animal en cuerpo humano”.
La tecnología prometía emancipación. Ofrecía información, conexión global y herramientas para perpetuar la humanidad. Hoy es vitrina de banalidades. Plataformas convertidas en plaza pública sin deliberación real priorizan lo llamativo sobre lo sustancial. El algoritmo premia lo extravagante, no lo transformador.
El movimiento ‘therian’ no explica por sí la decadencia del debate, pero simboliza una generación que pudo ser la más revolucionaria y eligió la autoparodia. La historia no recordará cuántas visualizaciones obtuvo un video de alguien que ladró ante la cámara. Recordará si esa juventud defendió derechos, construyó conocimiento y enfrentó injusticias.
Todavía existe margen para rectificar. La misma herramienta que hoy dispersa puede organizar. La misma pantalla que idiotiza puede educar. La pregunta no es si alguien desea sentirse zorro o gato, es quién defiende el futuro mientras otros juegan a no ser humanos.