Pilas bumangueses: se dispara el crédito y las tasas de interés

Resumen

En Bucaramanga, el aumento de las tasas de interés y el crédito impacta las finanzas del hogar. Las tasas del Banco de la República y el alza en el interés bancario dificultan el alivio financiero, mientras el costo de esperar empeora las deudas acumuladas.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Camilo Silvera
Pilas bumangueses: se dispara el crédito y las tasas de interés

En muchos hogares del área metropolitana de Bucaramanga hay una escena que se repite con puntualidad de reloj suizo: se paga la tarjeta, se cubre la cuota del crédito, se responde por el arriendo, el mercado, los servicios y el transporte… y aun así, el dinero parece desvanecerse antes de tiempo, como agua entre los dedos. No hay mora, no hay llamadas de cobro, pero sí una presión que se instala en la cotidianidad y aprieta cada vez más.

 

El contexto explica buena parte de esa sensación. La tasa de política monetaria del Banco de la República se mantiene en 10,25%, mientras el interés bancario corriente para consumo y ordinario subió a 17,01% efectivo anual en marzo. A esto se suma una inflación nacional de 5,29% en febrero, todavía lejos de la meta del 3%. Es decir, el crédito sigue siendo costoso y el alivio aún no aterriza en el bolsillo de las familias.

Aunque el mercado laboral muestra señales de recuperación, los datos del DANE revelan un trasfondo que no se puede ignorar: una tasa de desocupación del 10,6% en enero de 2026 y una informalidad que alcanza el 55,3%. En ese escenario, muchos hogares dependen de ingresos variables o ajustados, donde cualquier incremento en cuotas o gastos fijos se siente de inmediato, como una piedra más en una mochila ya cargada.

Con la mirada puesta en la próxima decisión del banco central, prevista para el 31 de marzo, el tiempo juega un papel clave. Marzo no es un mes neutro. Es una especie de antesala donde cada decisión financiera, o la falta de ella, puede inclinar la balanza.

Ahí entra en escena el análisis de la firma Crowe Co, que pone el foco en un enemigo silencioso: el “costo de esperar”. Según advierte Diana Peñuela, gerente senior de Auditoría, muchas personas optan por dejar las deudas como están, pagar lo mínimo o postergar decisiones, sin dimensionar que el tiempo, en este contexto, no es neutral… cobra intereses.

 

Las señales que ya están tocando la puerta

Más que grandes crisis visibles, lo que hoy se observa en Bucaramanga es un desgaste progresivo. Un equilibrio frágil que se sostiene, pero con cada vez menos margen. Estas son algunas de las cuentas que conviene revisar antes de que el presupuesto termine por romperse:

 1. La tarjeta de crédito como “respirador artificial”: Pagar solo el mínimo puede parecer una tabla de salvación, pero en realidad es una pausa costosa. La deuda avanza a paso lento, mientras los intereses hacen su propio maratón. El saldo apenas se mueve, pero el costo total crece sin hacer ruido.

 2. Créditos que ya asfixian el mes: No todas las deudas pesan igual. Cuando una cuota deja al hogar sin aire para cubrir lo básico, ya no es solo una obligación: es una alerta. En muchos casos, esos créditos de consumo o libre inversión terminan compitiendo directamente con el mercado o los servicios.

 3. Refinanciaciones con cara amable y fondo pesado: Reducir la cuota puede sentirse como un alivio inmediato, pero a veces es solo una ilusión de corto plazo. Plazos más largos, seguros adicionales o comisiones escondidas pueden convertir esa “ayuda” en una deuda más costosa a futuro.

 4. Un ingreso cada vez más comprometido: Cuando la mayor parte del dinero se va en obligaciones fijas, el presupuesto pierde flexibilidad. Y sin margen, cualquier imprevisto deja de ser un tropiezo y se convierte en una caída.

 5. Los gastos invisibles que se acumulan: Suscripciones, domicilios, plataformas, compras pequeñas… no parecen peligrosos por separado, pero juntos forman una fuga constante. Revisarlos es como cerrar pequeñas llaves que, sumadas, pueden recuperar oxígeno financiero.

 6. Decisiones grandes tomadas desde la cuota, no desde el costo total: En tiempos de tasas altas, pensar solo en “si alcanza la mensualidad” es una trampa. El verdadero peso está en el valor total de la deuda y en cómo esa nueva obligación encaja en un presupuesto ya tensionado.

 7. La fragilidad frente a lo inesperado: Un daño en la nevera, una consulta médica o un recibo elevado pueden desordenar todo. Si cada imprevisto termina financiado con más deuda, el problema ya dejó de ser puntual y se volvió estructural.

 

Antes de que bajen las tasas… o suba la presión

En Bucaramanga, la alarma no suena cuando llega la mora. Suena mucho antes, en ese momento en que cumplir ya no alcanza para vivir con tranquilidad. Esperar una eventual reducción en las tasas del Banco de la República puede parecer una estrategia lógica, pero el riesgo está en lo que ocurre mientras tanto: intereses acumulándose, deudas estancadas y un presupuesto cada vez más estrecho.

La clave, según los expertos, no está en hacer movimientos drásticos, sino en tomar decisiones a tiempo. Revisar, renegociar, recortar y priorizar. Pequeños ajustes que, en conjunto, pueden evitar que el mes deje de ser una carrera controlada y se convierta en una pendiente cuesta arriba. Porque al final, en la economía del hogar, no siempre gana quien más gana, sino quien logra que el dinero deje de escaparse en silencio.

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por Camilo Silvera
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