¿Por qué la percepción de seguridad no es positiva?
Resumen
Colombia enfrenta una paradoja de seguridad en 2026. Aunque las estadísticas indican una reducción en ciertos delitos, la percepción ciudadana refleja miedo y zozobra por el control criminal local. La mejora en seguridad requiere acciones más allá de números.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Por: Luis E. Gilibert
Colombia inicia el 2026 sumergida en una contradicción estadística que desafía cualquier análisis simplista. Mientras los tableros de control de las principales alcaldías como la de Bogotá muestran reducciones hasta el 20% en delitos como la extorsión y bajas significativas en el hurto de vehículos, el ciudadano de a pie vive una realidad diferente. En las calles de las capitales principales, incluyendo Bogotá, el sentimiento no es de alivio, sino de zozobra.
¿Estamos ante una mejoría real de la seguridad ciudadana o simplemente ante el agotamiento de un modelo de denuncias? La respuesta corta es que la inseguridad ha mutado. Ya no se trata solo de un gran golpe delictivo sino de una “micro-tiranía ejercida por un multricrimen”; a pesar que las cifras oficiales de homicidios y hurtos en algunas zonas presentan tendencias a la baja, la extorsión silenciosa y el control territorial de pequeñas bandas, ha creado un entorno de “paz forzada” en los barrios, en que el miedo a dejado de ser un indicador medible para convertirse en un costo fijo de vida: se paga para abrir un local, para parquear el carro o incluso para caminar por ciertas cuadras.
A este panorama se suma el ruido ensordecedor del calendario electoral. En este 2026, la seguridad ciudadana ha pasado de ser un derecho fundamental a convertirse en la principal moneda de cambio político, pues la narrativa de “mano dura” contra el “enfoque humano” polariza el debate que debe ser técnico.
Mientras el Gobierno Nacional insiste en la transformación de la policía hacia los derechos humanos, la ciudadanía frustrada por la impunidad -donde 7 de cada 10 capturados por hurto suelen quedar libres- empieza a coquetear peligrosamente con una justicia con mano propia.
El reto para este año no es solo capturar delincuentes, sino recuperar la confianza en las instituciones. Una cifra de reducción del delito no sirve de nada si el usuario del Transmilenio o el tendero del barrio siente que su vida depende del azar o de la voluntad de un grupo criminal local, la seguridad ciudadana requiere menos discursos grandilocuentes y más coordinación interinstitucional; una justicia que no sea una puerta giratoria; y una policía que sea percibida como protectora y no como una fuerza exclusivamente reactiva.
Si Colombia quiere que el 2026 sea el año de transición hacia una paz efectiva debe comprender que la seguridad no se mide solo en datos e indicadores cuantitativos. Se mide y correlaciona también con la tranquilidad de un padre que espera a su hijo en el parqueadero, en la tranquilidad del comerciante que no recibe panfleto, en la certeza que el Estado, y no el crimen, es el dueño y ser de la comarca.