Preocupado
La ideación suicida en menores se asocia con abuso sexual, desamor, bullying, negligencia y abandono, y requiere una respuesta social urgente.
La ideación suicida en menores se asocia con abuso sexual, desamor, bullying, negligencia y abandono, y requiere una respuesta social urgente.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Por: Haroldo Martínez
No quise poner el título que este escrito realmente merece para no alarmar, porque prefiero que analicemos la situación como sociedad, ya que la respuesta que debemos dar ha de ser en ese sentido.
El escrito debió llamarse “Ideación suicida en menores”, porque es alarmante la frecuencia de casos que atiendo en las IPSs en las que trabajo y eventualmente en la consulta particular, en las que me toca presenciar y escuchar a niños entre 8 y 12 años intentando explicar por qué se quieren morir. Eso resulta doloroso hasta para el profesional de la salud mental por encima de su nivel de preparación.
Más dolorosas resultan las razones que estos chicos y chicas dan para explicar su sufrimiento, en muchos casos ni siquiera ellos mismos entienden esas razones, o han intentado el recurso natural de los humanos frente al dolor: tratar de olvidarlo, o negarlo.
Sin embargo, por mucho que se intente esconder ese padecimiento en algún rincón perdido del cerebro, siempre sale a la superficie como un síntoma, o como una idea de morirse como el último y único método para acabar con ese terrible tormento.
La estadística de las razones que estos niños y niñas citan para explicar su dolor tiene en los primeros lugares el abuso sexual, el desamor de los padres, el matoneo (bullying) en los colegios y la negligencia y el abandono parental afectivo o económico. Son las más frecuentes, pero no las únicas, hay una razón por cada cabeza en este mundo.
Una alternativa transitoria antes de la ideación definitiva es el “disfrute” que les produce el hecho de arañarse, pincharse con un lápiz o cualquier objeto, o cortarse con instrumento filoso. Me conmueve que un niño me diga que ese acto lo tranquiliza y le hace olvidar momentáneamente su dolor.
Todavía no he podido entender qué pasó en esta ciudad en la que se volvió parte del paisaje el abuso de los menores por sus padres biológicos, padrastros o cuidadores, estoy hablando de padre y madre. Es aberrante la frecuencia de casos.
En los colegios hay alerta roja por el número de menores que hablan de estos temas entre ellos y que pueden ser conocidos por los profesores cuando alguno de los chicos, que no ha pasado por esa situación, es capaz de hacer uso de su sanidad mental y le comenta a los profesores. Los padres son los últimos en enterarse.
Esto no puede ser manejado como casos individuales de consultorio, sino como una pandemia que se posesionó de la ciudad y el departamento y que exige de los profesionales de la salud mental, de los profesores y padres de familia un gran conversatorio para dar una respuesta como sociedad a este flagelo. haroldomartinez@hotmail.com