Que cambie la vergüenza
Resumen
Gisèle Pelicot desafió el anonimato para enfrentarse a sus abusadores, quienes la violaron bajo la complicidad de su esposo. Esta valiente decisión busca cambiar la vergüenza de la víctima al victimario. Su historia es un llamado para todas las mujeres que aún sufren en silencio.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Esta semana se ha publicado una entrevista a Gisele Pelicot. ¿Quién es ella? Gisele es una mujer francesa que tenía una vida relativamente normal: tenía 68 años, un esposo amoroso y varios hijos y nietos que eran su adoración. Vivía en un pueblo francés retirado de la ciudad, desde su pensión. Cerca de este lugar es donde arrestan en 2020 a su esposo por grabar debajo de las faldas de unas niñas, y este fue el principio de su “descenso al infierno”, como ella le llama en la entrevista.
Cuando su esposo se comunica, le pide perdón por lo que pasó. La citan a una comisaría y ella se acerca pensando que le van a preguntar por el episodio de la falda, pero no sabía lo que le esperaba. Al sentarse, le preguntan si practicaba con su esposo el intercambio de parejas o si tenían una relación abierta. A ella se le hacen preguntas muy extrañas y comenta que no, que tiene una relación monógama. El policía seguidamente le muestra imágenes de ella inconsciente con diferentes hombres que desconocía, y su esposo observándolo todo. Sin entender lo que está viendo, se da cuenta de que hay algo muy mal.
Es en este punto donde muchas cosas toman sentido: estaba comenzando a olvidar varios días y tenía muchas infecciones vaginales; ambos episodios fueron asociados a su edad. Los policías le informan que su esposo la estaba ofreciendo en internet a hombres para que fueran a abusarla mientras ella se encontraba drogada.
Nunca pensó que la persona con la que llevaba 50 años de pareja pudiera hacerle esto. Solo pudieron identificar a 50 hombres que la habían abusado en el lapso de 10 años. En 2024 Gisele renuncia a un juicio anónimo para enfrentarse directamente a sus 51 abusadores, hombres que, a sabiendas de que ella estaba inconsciente, tuvieron relaciones sexuales con ella mientras su marido la grababa. Ella toma una decisión: la vergüenza debe cambiar de bando. Aunque es a ella a quien le ofrecen el juicio anónimo, esto iba a censurar las caras de los responsables de estos abusos. Mantuvo el apellido de su esposo, Pelicot, porque sus hijos y nietos también lo llevaban y no quería que fueran asociados al abusador, sino a ella, una mujer que demostró que la vergüenza debe cambiar de bando.
Esta es su historia. En la entrevista con la BBC, un año después de que su abusador, Dominique Pelicot, fuera sentenciado a 20 años de prisión y los otros 50, de variadas edades y profesiones, a entre 3 y 15 años, ella se presenta por primera vez ante la prensa para contar su versión. Todos los días, frente al tribunal, se paraban grupos de mujeres que la aplaudían cuando salía y entraba, mostrándole pancartas con mensajes de aliento y dándole mucha fuerza para enfrentar el juicio. Ella les agradece eternamente porque nunca la juzgaron ni la cuestionaron, sino que la acompañaron en su dolor.
Realmente la entrevista de la BBC es esperanzadora. Pero la historia de Gisèle no es solo francesa. En Colombia, según cifras de Medicina Legal, cada año se registran más de 25.000 exámenes médico-legales por presunto delito sexual, y la mayoría de las víctimas son mujeres. Eso sin contar la enorme cifra de los casos que nunca se denuncian. Decidir revelar su nombre para que la vergüenza cambiara de bando fue revolucionario en 2024 y sigue siendo inspirador, porque en países como el nuestro todavía son las víctimas quienes sienten que deben esconderse. Gisèle entendió algo que aquí aún estamos aprendiendo: la vergüenza no es de la víctima, es del victimario.