¿QUé dejó Petro para Santander? Diez años de incertidumbre y cuatro de parálisis: el legado que deja Petro para la minería y los hidrocarburos en Santander
Santander enfrenta incertidumbre por Santurbán, freno a proyectos mineros y la política petrolera que cerró nuevas exploraciones y frenó la evaluación del fracking.
Santander enfrenta incertidumbre por Santurbán, freno a proyectos mineros y la política petrolera que cerró nuevas exploraciones y frenó la evaluación del fracking.
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Si existe un sector donde el gobierno saliente de Gustavo Petro deja un profundo sentimiento de frustración en Santander, ese es el minero energético. Durante cuatro años, el departamento observó cómo algunos de sus proyectos estratégicos quedaron inmovilizados entre decisiones políticas, debates ambientales sin resolver y una política nacional orientada a reducir la dependencia de los hidrocarburos sin ofrecer alternativas económicas de similar magnitud para una de las regiones históricamente más ligadas a esta actividad.
Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE
El resultado es un panorama complejo: una delimitación del páramo de Santurbán que completa una década sin solución definitiva, grandes proyectos mineros congelados por la inseguridad jurídica y una industria petrolera que vio cómo el Gobierno Nacional cerró la puerta a nuevas exploraciones y a la evaluación científica del potencial de los yacimientos no convencionales ubicados precisamente en territorio santandereano.
Y en este punto es importante hacer un poco de contexto: en 2014 el Gobierno Nacional expidió la primera delimitación. Dos años después, en 2017, la Corte Constitucional dejó sin efectos esa resolución mediante la Sentencia T-361, al considerar que el proceso no había garantizado adecuadamente la participación ciudadana y ordenó construir una nueva delimitación con amplios procesos de concertación.
Desde entonces han transcurrido cerca de diez años y tres gobiernos presidenciales sin que el país cuente con una delimitación definitiva y la ausencia de una delimitación definitiva mantiene en incertidumbre cientos de títulos mineros y dificulta la toma de decisiones sobre proyectos de exploración y explotación en una zona donde confluyen intereses ambientales, económicos y sociales.
La industria petrolera en permanente incertidumbre
Si Santurbán simboliza la incertidumbre minera, Barrancabermeja representa las contradicciones de la política petrolera nacional. La ciudad alberga la principal refinería del país, una infraestructura estratégica que procesa alrededor de 250.000 barriles diarios, produce la mayor parte de los combustibles que consume Colombia y constituye uno de los principales motores económicos del Magdalena Medio.
Durante el gobierno Petro, sin embargo, la industria vivió uno de los periodos de mayor incertidumbre de las últimas décadas. Desde el inicio del mandato, el Presidente anunció que Colombia dejaría de firmar nuevos contratos de exploración de petróleo y gas, argumentando la necesidad de avanzar hacia una transición energética.
La decisión generó preocupación entre gremios, analistas económicos y expertos del sector, quienes advirtieron que cerca del 40 % de las exportaciones colombianas continúan dependiendo de los hidrocarburos y que buena parte de los ingresos fiscales y de regalías provienen precisamente de esta industria.
En Santander, esa política fue interpretada como una amenaza directa para miles de empleos asociados a la cadena petrolera y aunque la refinería continuó operando normalmente y Ecopetrol mantuvo inversiones de mantenimiento y modernización, el discurso permanente contra la expansión petrolera generó preocupación entre trabajadores, contratistas y empresarios de la región.
El fracking: una discusión que nunca llegó a la ciencia
Uno de los capítulos más controvertidos del cuatrienio fue la decisión del Gobierno Nacional de no avanzar en la evaluación de los yacimientos no convencionales mediante fracturamiento hidráulico.
Paradójicamente, Santander era el escenario donde Colombia había concentrado buena parte de sus esfuerzos científicos para resolver esa discusión.
Los Proyectos Piloto de Investigación Integral (PPII) Kale y Platero, ubicados en el Magdalena Medio, habían sido concebidos precisamente para responder interrogantes ambientales, técnicos y sociales sobre la viabilidad del fracking en el país.
Su propósito no era autorizar una explotación comercial inmediata, sino generar evidencia científica independiente sobre aspectos como comportamiento de los acuíferos; calidad del aire; sismicidad inducida; biodiversidad; salud pública e impactos sociales.
Sin embargo, el gobierno Petro suspendió esa posibilidad al mantener su decisión política de no desarrollar esta tecnología en Colombia.
Para numerosos sectores académicos y empresariales, ello significó renunciar a obtener información científica propia sobre un recurso cuya existencia nunca llegó a cuantificarse plenamente.