Quiebre de la verticalidad
Resumen
La Policía de Colombia enfrenta un desafío estructural tras un incidente en Chocó. Una subalterna mostró agresión hacia un superior, indicando problemas en la adhesión a la jerarquía. Esto refleja una erosión en el respeto institucional y la disciplina.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
La esencia de cualquier cuerpo armado, y especialmente de la Policía de Colombia, reside en la subordinación y el respeto irrestricto a la jerarquía. No se trata de una arbitrariedad caprichosa, es la garantía que el servicio de policía se preste de forma efectiva. Sin embargo, el reciente episodio de conducta agresiva y ultraje por parte de una subalterna hacia un superior en el Chocó pone de manifiesto una grieta peligrosa en la estructura del mando.
Pareciera que no es un hecho aislado, sino a un síntoma de erosión más profundo-generada desde los cimientos de gobierno, al rechazar el pedido de observancia al reglamento de uniformes a oficiales destinados en comisión a vicepresidencia. Cuando un llamado de atención por la presentación personal -un pilar del Derecho de Policía y la imagen institucional- se responde con violencia física y/o verbal, la pregunta es: ¿Qué falló en el proceso para que una persona con tal déficit de autocontrol, comunicación asertiva y gestión de sus emociones llegara a portar el uniforme?
El filtro es la incorporación. Históricamente, la Policía ha explorado perfiles de alta tolerancia a la frustración, autoconocimiento, inteligencia emocional y respeto por la autoridad. No obstante, la presión por afiliar o la flexibilización de criterios psicotécnicos han permitido el ingreso de individuos que no comprenden la naturaleza jerárquica de la institución.
La vocación de servicio no puede estar separada de la disciplina, quien no es capaz de gobernase a sí mismo, difícilmente podrá ejercer autoridad ante el ciudadano. Además, debemos mirar hacia las escuelas de formación. La doctrina policial debe ser una forma de vida, el respeto al mando y el acatamiento de las normas de conducta marcan la diferencia entre un profesional de policía de un ciudadano. Si la formación ha descuidado el carácter y el temple que exige la vida policial, los resultados serán agentes que ven en la jerarquía un obstáculo, un conflicto y no disciplina.
El mando debe ser firme pero inspirador, el régimen disciplinario actúa no solo como correctivo, sino en prevención institucional, la subordinación es hilo que sostiene el tejido de la seguridad ciudadana, si ese hilo se rompe al interior de la institución se pierde autoridad moral ante la sociedad.
Lo ocurrido en el Chocó, más que una sanción, exige una revisión estructural para garantizar que quien porte el verde oliva comprenda que el uniforme demanda ante todo la humildad del subordinado y esa capacidad de acatar no solo órdenes, sino observaciones o llamados de atención de los superiores, preservando así el respeto por la jerarquía, y por ende, la lealtad con el mando.
De igual forma, cumplir el conducto regular legítimo dentro del marco institucional; velar por el orden y la disciplina para tener algún día la dignidad de mandar y ejercer un liderazgo transformacional.