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Reforma pensional: el reto no es solo entender las nuevas reglas, sino prepararse financieramente para ellas

La reforma pensional exige revisar ingreso, semanas cotizadas y régimen de transición para entender cómo afectará cada trayectoria laboral.

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Por: José Román González Rodríguez*

Ingreso, semanas cotizadas y régimen de transición serán tres variables determinantes para los trabajadores que deberán adaptarse al nuevo escenario pensional previsto para 2027.

La reforma pensional colombiana no debería analizarse únicamente desde el debate político o jurídico. Para los trabajadores, también representa un cambio en la manera de entender y planificar sus finanzas de largo plazo.

Así lo plantea José Román González Rodríguez, docente del programa de Economía de la Universidad de América, quien considera que el principal desafío está en que cada persona conozca desde ahora su situación pensional y no espere hasta el final de su vida laboral para tomar decisiones.

“La pregunta ya no es solamente a qué edad me voy a pensionar, sino cuánto estoy cotizando, cuántas semanas tengo acumuladas y bajo qué reglas voy a pensionarme”, explica el economista.

Uno de los cambios centrales está relacionado con la distribución de las cotizaciones. Para quienes queden cobijados por el nuevo esquema, los aportes correspondientes hasta 2,3 salarios mínimos se dirigirán al componente administrado por Colpensiones, mientras que el excedente se canalizará hacia el componente complementario de ahorro individual.

Para González Rodríguez, esto significa que la reforma no tendrá el mismo efecto financiero para todos los trabajadores. El nivel de ingreso, la trayectoria laboral y las semanas acumuladas serán determinantes para comprender sus efectos.

El número que muchos trabajadores desconocen

Más allá del salario, existe una variable que el experto considera estratégica: la historia laboral. El régimen de transición contempla como referencia 750 semanas cotizadas para mujeres y 900 para hombres. Sin embargo, cumplir este requisito no significa, por sí mismo, tener garantizada una pensión; determina la posibilidad de que a la persona le sean aplicables determinadas reglas.

Por ello, el llamado es concreto: revisar desde ahora las semanas registradas, identificar periodos faltantes y verificar que los aportes realizados estén correctamente reflejados en la historia laboral. “Una inconsistencia que hoy parece menor puede convertirse en un problema importante cuando llegue el momento de pensionarse”, advierte el docente.

La pensión también debe entrar en el presupuesto

El experto plantea además que la discusión debe incorporar una dimensión de educación financiera.

Los aportes pensionales representan una transferencia de recursos del ingreso presente hacia la protección económica futura. Por eso, deberían formar parte de la planificación financiera de hogares, trabajadores independientes y empresas.

En este contexto, recomienda que cada trabajador tenga claras, como mínimo, cuatro variables: cuánto gana y sobre qué valor cotiza, cuántas semanas acumula, si está cobijado por el régimen de transición y cuánto tiempo le queda para construir su pensión.

Para González Rodríguez, la reforma también abre una discusión económica más amplia sobre el ahorro, los mercados de capitales y las finanzas públicas. La nueva distribución de las cotizaciones modificará los flujos de recursos entre el componente público y el privado, con efectos que deberán analizarse en el tiempo.

Del debate nacional a la decisión individual

Aunque la reforma continuará generando debate jurídico, político y económico, el experto considera que existe una tarea que no debería aplazarse: conocer la propia situación pensional. “El mayor riesgo no es solamente que cambien las reglas, sino llegar al momento de pensionarse sin haber entendido cómo esas reglas afectan nuestra propia situación financiera”, concluye.

La reforma, en ese sentido, puede convertirse también en una oportunidad para fortalecer la cultura de previsión: la pensión no se construye cuando llega la edad de retiro; se construye durante toda la vida laboral, cotización tras cotización.

* Docente del programa de Economía de la Universidad de América.